Jueza sin doblez

Amy Coney Barrett es una mujer fuera de serie

Amy Coney Barrett domina las noticias. Desde 2017, ha sido jueza federal en la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito de los Estados Unidos. A finales de septiembre, el presidente Donald Trump la nominó para ocupar un cargo en la Corte Suprema de Justicia, en lugar de la fallecida jueza Ruth Bader Ginsburg, o RBG. 

Trump anunció su nominación semanas antes de que se resuelva su agria batalla por la presidencia, en la cual compite contra el demócrata Joe Biden. La izquierda pidió a Trump dejar la plaza vacante hasta después de la elección, pero él aprovechó la oportunidad histórica de nombrar a un tercer juez vitalicio y así influir sobre el balance ideológico en la Corte Suprema: nombró a Neil Gorsuch en 2017 y a Brett Kavanaugh en 2018. 

Miembros del Senado sometieron a Amy Coney Barrett (ACB) a un exhaustivo cuestionamiento previo a decidir su confirmación. Es probable que los senadores emitirán un voto favorable el 22 de octubre, salvo que opositores demócratas maniobren para impedir o retrasar su nominación.

ACB respondió el interrogatorio de memoria, sin nota alguna, demostrando una inteligencia privilegiada. Dan buenas referencias de ella personas de ambos partidos. En todo momento guardó la compostura y respondió con claridad y elegancia. Su porte contrasta con el griterío maleducado que protagonizaron Trump y Biden durante el primer debate. Contrasta también con  la intolerancia, violencia y sociedad de la progresía y las protestas vinculadas a Black Lives Matter. En pleno circo electoral, ACB nos llena de esperanza de que todavía existe un espacio para la razón y el diálogo.

La jueza trabajó para el magistrado Antonin Scalia, recordado por sus preclaras teorías jurídicas. Fue su mentor, pero advirtió que sus fallos pueden variar porque ella obrará según su conciencia y los hechos. Como Scalia, Coney Barrett opina que un magistrado de la Corte Suprema no puede darle un giro antojadizo a las normas. Afirmó: «Los jueces no se pueden levantar un día y decir: «yo tengo una agenda. Me gustan las armas. Odio las armas. Me gusta el aborto. Odio el aborto», y entrar como una reina real para imponer su voluntad en el mundo». Al contrario, el juez tiene que esperar que surja una controversia o un caso, respetar el proceso y colegiar sus decisiones. Dio una lección sobre el derecho a los senadores.

Coney Barrett destrozó ataques cínicos a su familia. Aceptó la nominación sabiendo que su familia sería atacada, pero ella está «comprometida con el Estado de Derecho y el rol de la Corte Suprema para dispensar justicia equitativa a todos». ACB es madre de dos hijos adoptados de Haití. ¿Quién podría etiquetarla de racista o indiferente a los marginados? En un farisaico intento, ¡el autor Ibram X. Kendi, la acusó solapadamente de raptar un par de niños negros para criarlos como blancos y así enmascarar su racismo! En cambio, Coney Barrett habló con amor de sus «siete maravillosos hijos» en su primer discurso ante los legisladores, y narró cómo Vivian había llegado de Haití tan débil que el doctor les advirtió que quizás no caminaría o hablaría con normalidad. La acusaron de explotar mercadológicamente la discapacidad de su hijo menor, Benjamín; Barrett dijo sencillamente que Benjamín era «el favorito de la familia» por unanimidad. 

Lo que más me gusta es que no se achicopale respecto de su religiosidad. «Nuestra fe es importante para nosotros», dijo francamente. Ha escrito profundos ensayos sobre la conciliación de la fe y la ley, como por ejemplo en casos de pena de muerte.  Es respetuosa de la libertad, intenta aplicar la ley y no imponer sus elecciones en otros. Modela un comportamiento a imitar.

Publicado originalmente en: https://www.prensalibre.com/opinion/columnasdiarias/jueza-sin-doblez/