Elección de una jueza

Por Álvaro Castellanos Howell

Predictibilidad e imparcialidad

Ayer terminaron cuatro días de audiencia en el Senado de los Estados Unidos de América en el proceso de nominación y muy posible confirmación de Amy Coney Barrett como nueva Justice.

Fascinantes declaraciones en los llamados opening statements o primeras declaraciones de varios senadores, y por supuesto, de la nominada y actual jueza de apelaciones.

Ella tiene un récord académico y profesional impresionante. Fue la primera de su clase (Notre Dame) y fue letrada del famoso juez Antonin Scalia, quien de alguna forma, la moldeó y preparó para el cargo.

De Scallia, dijo: «Sentí como que lo conocía antes de verlo la primera vez, porque había leído muchas de sus coloridas y accesibles opiniones. Pero más que su estilo de escritura, fue el contenido de los razonamientos del juez Scalia los que me formaron. Su filosofía judicial era directa: un juez debe aplicar la ley como fue escrita, y no como un juez desease que fuera la ley. Algunas veces esa aproximación resultaba en consecuencias que a él no le gustaban. Pero como lo dijo en una de sus más conocidas opiniones, eso es lo que significa decir que tenemos un gobierno de leyes, y no de personas».

Este párrafo es muy importante dentro del discurso de la jueza Barrett, porque precisamente da predictibilidad de cómo ella podría resolver casos, muchos de ellos, sumamente importantes para la vida de millones de estadounidenses.

En teoría judicial, a esa aproximación sobre la interpretación y aplicación de la ley, se le denomina «originalismo» o «textualismo», que en pocas palabras implica que el juez que la practique no hace una labor de interpretación de la ley en un contexto social, económico, o de cualquier otro tipo. 

Dicho de otra forma, es una posición que se aleja del llamado «activismo judicial».

Durante muchas horas fue sometida a duras preguntas y cuestionamientos por parte de los senadores demócratas y también fue colmada con grandes elogios por los senadores republicanos.

Ciertamente es una mujer de mucho temple y, en mi opinión, de lo que pude ver sobre las audiencias, supo sortear muy bien algo sumamente importante: no pronunciarse de antemano de cómo podría resolver ciertos temas que ya están en la agenda de casos a ser conocidos este mismo año en la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos de América (SCOTUS, por sus siglas en inglés). 

Aunque ella sea «originalista», y eso da, como decía antes, predictibilidad, eso no significa necesariamente que se pueda afirmar cómo opinará la posible nueva jueza Barrett los casos, porque por sobre todas las cosas, si algo respetan los «americanos» es la independencia de sus jueces. 

Hay que recordar que hay un tema más trascendental: son un total de nueve jueces, pero con la llegada de Barrett básicamente la Corte se tornaría en una mayoría importante de jueces con criterios conservadores; seis para ser más preciso. 

Y nuevamente, aunque haya predictibilidad (no certeza) de cómo podrían resolver casos, una vez toman posesión de sus cargos, son, el decoro, la inteligencia, los razonamientos, la independencia e imparcialidad, y el respeto a la institución, los factores que prevalecen. Así ha sido esencialmente la historia de SCOTUS. ¿Parece un sueño muy lejano para algunos países, no?

Publicado originalmente el 16 de octubre de 2020 en https://elperiodico.com.gt/editorial-de-hoy/2020/10/16/eleccion-de-una-jueza/

1 Comment

  1. Yolanda Moldauer el 26 octubre, 2020 a las 6:26 pm

    Me parece excelente su momramiento