Interés propio, egoísmo y solidaridad

Por Moris Polanco | [email protected]

Parece indudable que todas las personas estamos interesadas en nuestro propio bien, y que la naturaleza nos manda proteger la propia vida y salud. No puede decirse, por tanto, que pensar en el propio bienestar sea algo malo. El interés propio se convierte en un vicio cuando no deja lugar al interés por los demás, o cuando se busca con exclusión del ajeno. En este último caso se llama «egoísmo». Y anteponer el bien ajeno al propio es «altruismo» (de alter, otro). 

A los cristianos se nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos, y nuestro Señor nos enseñó que «no hay amor más grande que dar la vida por los demás». Lo que muchos no comprenden, sin embargo, es que ese amar a los demás, pensar habitualmente en los otros, es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos, pues hemos sido hechos para amar. Solo quien ama y sale de sí para hacer el bien a sus hermanos cumple con el fin de su vida y se pone en camino de su propia perfección. «Nos trae cuenta» servir a los demás. Esto es lo que ilustra la siguiente historia, que circula estos días por las redes sociales:

Un supervisor llevó globos a su trabajo y le regaló uno a cada empleado. Después ordenó que anotasen sus nombres en su globo, los dejaran en el suelo y abandonaran su sucursal. Una vez afuera de la tienda, les dijo: «Tienen 5 minutos para que cada uno encuentre el globo que lleva su nombre». Los empleados entraron y buscaron, pero se acabaron los 5 minutos y nadie había podido encontrar el suyo.  El supervisor les dijo: «Ahora tomen cualquier globo y entréguenselo al dueño del nombre que lleva anotado».  En apenas un par de minutos todos los empleados ya tenían el suyo en la mano.  Finalmente, dijo el supervisor: «equipo, los globos son como los negocios». Nadie va a encontrar el éxito rápido buscando su bienestar solamente. En cambio, si cada uno se preocupa por el éxito de su compañero y de su equipo, su negocio alcanzará el éxito antes de lo que te imaginas.

Cuando la ética nos manda interesarnos por el bien de los demás no nos pide algo contrario a nuestra naturaleza. El altruismo, contrariamente a lo que ciertas ideologías sostienen, no es algo negativo ni indebido; no es destruirse a sí mismo para servir a los demás, sino dar un sentido y significado a nuestra vida. El que se guarda para sí mismo, se pierde, mientras que el que se da desinteresadamente, se encuentra y alcanza con ello su felicidad.