Qué es la izquierda III

Por Juan Solares | [email protected] 

¿Qué pasaría si nuestros gobiernos nos dieran cada vez menos información sobre sus planes y la gestión pública? ¿O si se nos prometiera una carretera como parte de un proyecto de obra pública pero recibiéramos otra cosa? En las democracias, esto sería absurdo y, cuando sucede, causa grandes polémicas y se enjuician a los culpables o se arman investigaciones para corregir la malversación de los recursos públicos. Pero en la antigua URSS era común que el gobierno mintiera1. Además, los gobiernos socialistas son reconocidos por utilizar la fuerza para obligar a sus ciudadanos a obedecer las reglas. Y es que, como dice Scruton: «se requiere infinita fuerza para hacer que la gente haga lo imposible», refiriéndose al socialismo (Scruton 2015, 6)2. Para Scruton, la idea de que existe una lucha de clases y de que «la dictadura del proletariado» debe tomar control para que luego el gobierno desaparezca es una locura utópica, de esas que Marx tanto criticaba.

Hay una idea de Marx que lleva a ese tipo de conductas absurdas. Y digo absurdas porque Marx prometía la felicidad tras la caída inevitable del capitalismo. Es la idea de que el marxismo es una ciencia. Esta idea es, tal vez, la que más peligro supone para las sociedades libres, pues el marxismo separa a los seres humanos en dos clases: los culpables y los inocentes. Los primeros son quienes han usurpado los bienes que le corresponden a toda la humanidad y los últimos son quienes han sido robados de su derecho a los bienes de producción, que deben ser tenidos en común. Marx separaba la ideología de la ciencia. La ideología consiste en las ideas de los burgueses. Estas ideas son falsas, son máscaras que esconden tras de sí su verdadera intención: ser las estructuras de dominio y poder que siguen oprimiendo a las masas de los trabajadores. Nos dice Scruton: «La supuesta ciencia de Marx socava las creencias de sus oponentes. Las teorías de estado de derecho, la separación de poderes, el derecho a la propiedad y más, tal como habían sido expuestos por pensadores “burgueses” como Montesquieu y Hegel, fueron demostrados por el análisis de clase marxista que no eran mecanismos para buscar la verdad sino para buscar el poder: formas de aferrarse a los privilegios conferidos por el orden burgués. Al exponer esta ideología como un pretexto egoísta, la teoría de la clase reivindicaba sus propias pretensiones de objetividad» (Scruton 2015, 13-14). Toda idea, pues, que defienda de alguna manera las ideas de la burguesía es automáticamente falsa ante la ciencia del marxismo. Para Marx, defender la idea de la propiedad privada, el derecho a la libre expresión, etc., es equivalente a defender la existencia de las sirenas o decir que la luna es de queso.

Podemos observar esta actitud de rechazo al diálogo con ideas contrarias a las marxistas en ámbitos donde la pseudo ciencia del marxismo ha sido aceptada. No es raro encontrar ataques ad hominem o de cualquier otra índole del bando de Marx a sus oponentes. La idea de que el socialismo es la causa de los oprimidos lleva a aceptar que cualquier medio puede ser utilizado para arrebatar los bienes a los usurpadores. Pero desde hace ya siglos la razón está destronada y se ha apoderado del ámbito público el pecado del Satanás de Milton: la soberbia.


Notas

  1. Es interesante este video para ver cómo fue la reacción del gobierno soviético ante el desastre de Chernóbil.
  2. Scruton, Roger. 2015. Fools Frauds and Firebrands: Thinkers of the New Left. London: Bloomsbury Continuum.