¿Por qué no el socialismo?

Por Lawrence Reed

Traducción por Jessica Paduán para el Instituto Fe y Libertad.

Este artículo está traducido con permiso del Institute for Faith, Work & Economics (www.tifwe.org). El artículo original apareció aquí. IFWE es una organización de investigación cristiana comprometida con el avance de los principios bíblicos y económicos que ayudan a las personas a encontrar satisfacción en su trabajo y contribuir a una sociedad libre y floreciente. Visite https://tifwe.org/subscribe para suscribirse al blog diario gratuito de IFWE.

«Un hombre que elige entre tomar un vaso de leche y un vaso de solución de cianuro de potasio no elige entre dos bebidas; elige entre la vida y la muerte», escribió el economista austríaco Ludwig von Mises. «Una sociedad que elige entre el capitalismo y el socialismo no elige entre dos sistemas sociales; elige entre la cooperación social y la desintegración de la sociedad».

Hoy en día, esa aclaración es muy necesaria. A pesar de la lamentable historia del socialismo, millones de personas bien intencionadas piensan que es un sinónimo virtual de compasión.

Pero los mismos socialistas se retractan constantemente de lo que dicen. Es socialismo hasta que no funciona, entonces nunca fue socialismo en primer lugar. Es socialismo hasta que las personas equivocadas se hacen cargo, entonces es todo menos eso.

El socialismo nunca parece tener una teoría sobre la creación de riqueza, solo esquemas imaginarios para su reasignación después de que alguien se toma la molestia de crearla.

Los Diccionarios Oxford (cuyo lema es «el lenguaje importa») define el socialismo como «una teoría política y económica de la organización social que defiende que los medios de producción, distribución e intercambio deben ser propiedad o estar regulados por la comunidad en su conjunto».

¿Qué se entiende por «los medios de producción, distribución e intercambio deben ser propiedad o estar regulados por la comunidad en su conjunto»? Si posee una tienda de conveniencia, ¿se supone que debe someter a votación pública las decisiones sobre qué abastecer los estantes o a quién contratar para el turno de noche?

¿Qué pasa con las cosas «reguladas por la comunidad en su conjunto»? ¿Alguna vez ha conocido que un organismo regulador sea todo el mundo en la ciudad o los 325 millones de personas en el país? ¿Acaso esos cuerpos no terminan siendo un puñado de personas con poder político?

Incluso con un diccionario en la mano, me encuentro rascándome la cabeza y preguntándome: «¿Qué diablos es el socialismo al final de cuentas?» Tal vez sea algo imaginario que alguien espera que sea, incluso si nunca resulta como se espera cuando se intenta.

Justo cuando crees que hay socialismo, incluso cuando sus arquitectos afirman que estaban haciendo eso, los socialistas lo redefinen en lugar de admitir sus fracasos. Venezuela es el último de una larga línea de experimentos socialistas. Sin embargo, ahora que se encuentra el veredicto sombrío, los socialistas niegan qué fue lo que se intentó y si falló o no. En otros lugares, donde parece funcionar una versión menos radical del socialismo, en realidad es el capitalismo que todavía existe en esos lugares el que crea la riqueza real y el que paga las cuentas.

El socialismo no se refiere a pensamientos felices, ilusiones, meras buenas intenciones o niños que comparten sus dulces de Halloween entre ellos. En un contexto político, económico y social moderno, el socialismo no es voluntario. No puedes optar por no participar. Su característica central es la concentración de poder para estos fines: planificación centralizada de la economía, posesión estatal de la propiedad y redistribución de la riqueza.

Todo se reduce a la persuasión versus la fuerza. Esto es lo que quiero decir:

Bajo el capitalismo, dos niñas exploradoras aparecen en tu puerta y te preguntan: «¿Te gustaría comprar algunas galletas?» Tienes la oportunidad de decir sí o no.

Bajo el socialismo, dos niñas exploradores aparecen en tu puerta con un equipo SWAT armado detrás de ellas. Dicen: «Vas a comer estas galletas y también las pagarás».

Si no es el uso de la fuerza para dar forma a la sociedad de la manera que usted lo desea, entonces el socialismo no es más que una fantasía nebulosa. Es un pizarrón gigante en el cielo en el que puedes escribir cualquier cosa que tu corazón desee y luego borrarlo cuando surjan circunstancias vergonzosas.

Entonces, «¿por qué no el socialismo?»

El socialismo predica la envidia y el robo, y genera luchas y conflictos. Se enfrenta clase contra clase. Cínicamente compra una facción a expensas de otra. Prospera en la victimología y evita la responsabilidad personal. Sus defensores son traficantes intelectuales de drogas—que imponen una dependencia y paternalismo adictivos que destruye el alma de los demás. Concentran la riqueza y el poder en manos de personas cuyo carácter e ingenuidad los hacen más susceptibles a la corrupción.

Es el resultado final el que responde con mayor eficacia a la pregunta: «¿Por qué no el socialismo?» Es fuerza, pura y simple. Si fuera voluntario, no sería socialismo. Sería capitalismo.