Tú, nuestro “común denominador”

Por Jorge Ceballos | [email protected]

Respirando ese aire que nos regala el amanecer, el que palpamos, sentimos y se torna más «limpio}, en un claro mensaje de nuestra «Madre Naturaleza», quien, sin duda. a gritos pedía un alto, ante alocadas y múltiples acciones humanas y que por inercias intrépidas le estaban ahogando.

Detrás de este «bullicioso silencio», que nos ha despertado la «conciencia», para increparnos a tu mejor creación, el hombre. Por un mejor mañana –que hoy inicia-, te oigo, mejor aún, te escucho, común denominador de todo ser viviente.

Siendo cada uno creación tuya, como lo señalan tus sagradas escrituras, a quienes desde siempre nos tuviste en tu pensamiento, sabes que, nuestro actuar nunca fue para dañar o dañarnos. Sin duda, la falta de conocimiento, la falta de pericia o la odiosa ignorancia, fuente de muchos males que nos hemos creado, nos hizo tropezar o, lo peor, hacer que otros tropezaran.

Nuestra mente, esa maravillosa, por muchos llamada la «loca de la casa», quizá, en el camino, se embotó, cegó el siempre esperado discernimiento y perdió el norte, y el maligno no dudó en hacerla presa suya, convirtiendo perversamente nuestro actuar en actos que revertían en contra de nosotros mismos.

Había que hacer un alto. Para algunos, mediante un suave murmullo, como campana de iglesia que suena y redobla sin cesar, o como estruendo de sonidos alarmantes de sirenas, haciendo recordar que el «bombardeo del enemigo se avecina».

La forma de «tu» comunicación es variada; muchas veces «entre líneas», con parábolas ininteligibles en el momento que llegan, pero que a la postre gracias a ti, nos obligan a quitarnos las escamas o corazones de piedra, que no permitan visualizarte, visualizarnos y visualizar al otro, nuestro hermano.

Gracias. Sí, querido Maestro y Señor. Un simple gracias a ti, el común denominador de nuestra vida. Gracias. No dejes de caminar a nuestro lado y haznos siempre encuentro en medio de este torbellino de ansiedad, angustia o desesperación.

Sigue despertándonos siempre. Sigue haciendo de las tuyas y verás que tu principal creación hará eco de las benditas enseñanzas que tu Amado Hijo nos legó a sabiendas que el camino, aunque cuesta arriba, nos permite abrazar y amar esa bendita cruz de cada día y que nos lleva a que nuestros caminos, a veces  bifurcados, tengan siempre ese mismo destino en la aurora siempre presente, siempre esperada.