Fiesta de Tomás Moro

Por Carroll Rios de Rodríguez | [email protected] 

Hace 20 años, un 31 de octubre, San Juan Pablo II declaró como patrono de los políticos y de los gobernantes a Santo Tomás Moro. Hoy, 22 de junio, la iglesia celebra su día junto con San Juan Fisher, por ser la fecha en que ejecutaron a Fisher, en tanto la fecha de la decapitación de Moro por orden de su amigo el rey Enrique VIII ocurrió el 6 de julio de 1535.

¿Dos sujetos que se pelearon con su rey por defender sus principios religiosos, hacen buenos patronos de los políticos? ¿Acaso la política no es el arte del compromiso y la negociación? Estos dos gigantes de la historia, creo yo, ejemplifican cómo un cristiano debe obrar acorde a su conciencia bien formada tanto en la vida pública como la privada. Moro nos alecciona sobre la libertad de conciencia: un buen ciudadano debe tener libertad para proceder conforme a su conciencia, en su caso, incluso si desagrada a su monarca.  El orden político libre debe acomodar una pluralidad de posturas y criterios, así como un sano debate en busca de la verdad, siempre y cuando los ciudadanos no violen los derechos básicos a la vida, la libertad y la propiedad.

Tomás Moro era un leal y eficaz canciller al servicio de su amigo personal, Enrique VIII, además de ser un intelectual reconocido. En mayo de 1532, sin embargo, sintió la necesidad de renunciar a su cargo porque a su juicio el rey no podía divorciarse de Catalina de Aragón para volverse a casar. En junio, el teólogo, obispo y cardenal Juan Fisher predicó en contra del divorcio. Enrique VIII prosiguió con su plan y contrajo matrimonio con Ana Bolena, nombró a Thomas Cranmer obispo y mandó arrestar a Fisher. Fue liberado tiempo después y recapturado en 1534. Por su lado, Moro optó por no asistir a la coronación de Ana Bolena en 1533, aunque le escribió al rey deseándole felicidad. Poco tiempo después fue falsamente acusado de aceptar mordidas. El 13 de abril de 1534, Moro trazó una significativa distinción: el parlamento podía nombrar reina de Inglaterra a Ana Bolena, pero la unión matrimonial no tenía validez espiritual.

Moro escribió abundantemente, incluso durante los catorce meses que pasó en la Torre de Londres antes de morir, nos recuerda Marc D. Guerra. Guerra hace referencia a un conjunto de cartas que recopiló y editó Álvaro De Silva bajo el título Las últimas cartas de Tomás Moro, tomo que incluye algunas cartas de su esposa Alicia y de su hija Margarita. Moro abordó la muerte de Jesucristo,el significado de la penitencia, la virtud y el uso del poder, entre otros temas, pero en todos sus textos emerge la preocupación por la conciencia.

Se deriva un placer de hacer lo correcto, escribió Moro. Para él, la conciencia no era un autosuficiente criterio personal, sino de naturaleza comunal. Subraya Guerra que «en contraste con el reclamo moderno que el individuo puede crear sus propios valores morales, More veía la “formación de conciencia” como el “fruto” de una educación en la verdad». Nuestra conciencia se forma mediante un proceso durante el cual descubrimos el derecho natural, o el orden moral creado. De allí que Enrique VIII no podía cambiar estos estándares a su conveniencia.  

En cuanto a la política, la conciencia de Moro no se opone a la destreza del estatista. Todos nos movemos entre la arena política-social y la arena religiosa. Moro previó que la decisión política de Enrique VIII provocó un terremoto de largo alcance en la vida espiritual de los ingleses. Su cisma «señaló el fin del orden moral y social unitario que era la Cristiandad», escribe Guerra. Enrique VIII abrió la puerta para el gradual irrespeto a las leyes, las instituciones y las costumbres fundacionales de la sociedad cristiana. La primera norma consuetudinaria que olvidó convenientemente Enrique VIII fue la que aconseja volver la vista primero a Dios.

Sánchez Silva resume el aporte de Moro así: «Santo Tomás Moro defendió con firmeza la indisolubilidad del matrimonio, el respeto del patrimonio jurídico inspirado en los valores cristianos y la libertad de la Iglesia ante el Estado». 


Foto: Fundación Tomás Moro.