¿Es la modernidad esencialmente antirreligiosa?

Por Moris Polanco | [email protected] 

Michael Allen Gillespie sostiene que no. Literalmente, dice: «(…) esta oposición a la religión en la era moderna no debe tomarse como prueba de que, en esencia, la modernidad es antirreligiosa» (Gillespie, 2008, p. XI). ¿Qué tipo de religión acepta, entonces, la era moderna? Gillespie insinúa que los modernos rechazaron la religiosidad antigua y medieval. Nos preguntamos, ¿por qué? ¿Qué elementos de esa religiosidad empezaron a incomodar a los científicos e intelectuales de finales del siglo XVII y principios del XVIII?

Continúa elaborando Gillespie: «(…) la modernidad se entiende mejor como un intento de encontrar una nueva respuesta metafísica / teológica a la cuestión de la naturaleza y la relación de Dios, el hombre y el mundo natural que surgió en el mundo medieval tardío como resultado de una titánica lucha entre elementos contradictorios dentro del cristianismo mismo. La modernidad, tal como la entendemos y experimentamos, se convirtió en una serie de intentos de constituir una metafísica / teología nueva y coherente» (Gillespie, 2008, p. XII). En verdad es una tesis novedosa. Fuertes razones tiene que dar Gillespie para convencernos de ver la modernidad como «(…) una serie de intentos de constituir una metafísica / teología nueva y coherente». Yo siempre he visto la modernidad como el proyecto de construir un mundo donde el hombre encuentre su felicidad; si Dios ayuda, muy bien. Pero si no…, tal vez era que no nos hacía falta. Esa preocupación que señala Gillespie (encontrar una nueva respuesta a la cuestión de la naturaleza y la relación con Dios) bien pudo ser la de monjes y teólogos, pero no creo que le quitara el sueño a los científicos, filósofos y políticos, ni tampoco al ciudadano de a pie.

Las preocupaciones del hombre moderno son mundanas: el comercio, la agricultura, la política, e incluso el arte y la diversión. Los hombres seguían creyendo en Dios y en los dogmas del cristianismo, pero estaban aprendiendo que esta vida no tenía por qué ser siempre «un valle de lágrimas» (Salve Regina) o «una mala noche en una mala posada» (santa Teresa de Jesús). 

En un pasaje de la película Galileo, del director Joseph Losey, el físico anuncia el nacimiento de una nueva era, en la que las verdaderas virtudes serán la felicidad y la prosperidad. Es posible que la metafísica y la teología antiguas sean una respuesta al sentido del sufrimiento del hombre. ¿Cómo se espera que sean la metafísica y la teología modernas? El 16 de junio se inauguró la Academia Fe y Libertad, precisamente con un curso en el que se comentará el libro de Gillespie y se abordará la pregunta sobre cómo pensamos el papel de las religiones judeocristianas en el mundo posmoderno.


Referencia: Gillespie, M. A. (2008). The theological origins of modernity. Univ. of Chicago Press.