Los santos y las plagas

Por Carroll Rios de Rodríguez | [email protected]

Viviremos una Semana Santa única, encerrados por causa del coronavirus. Esta no es la primera epidemia que enfrenta la humanidad; en cada amenazante brote, los miembros de la iglesia católica atendieron la salud física y espiritual de los enfermos. De hecho, existen muchos santos católicos que comprenderían perfectamente cómo nos sentimos en estos momentos. Por eso, el equipo del Instituto Fe y Libertad elaboró un breve perfil de distintos santos, para leer cada día de esta Semana Santa. Tomémonos unos minutos diarios para recordar a estos hombres y mujeres valientes, y rezarles para que ellos pidan a Dios por nuestra salud física y mental.

Lunes santo: san Francisco y santa Jacinta Marto

Lucia, Francisco Y Jacinta, los tres pastorcitos videntes De Fátima. Foto de Zenit.

Santa Jacinta Marto fue la más pequeña de los tres pastorcitos testigos de las apariciones de la Virgen de Fátima. Oriunda de Aljustrel, Portugal, es la niña santa más joven que no es mártir. Ella y su hermano Francisco murieron a causa de la pandemia provocada por la gripe española, que cobró un estimado de 20 a 40 millones de vidas en todo el mundo entre 1918 y 1920. Jacinta tenía apenas 10 años cuando murió, sola, el 20 de febrero de 1920; falleció antes de que le pudieran llevar los últimos Sacramentos que había pedido. Jacinta ofreció sus dolores por nosotros: «Sufro mucho; pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para desagraviar al Corazón Inmaculado de María». Su hermano Francisco había muerto de neumonía, de 11 años, el 4 de abril del año anterior, después de casi cinco meses enfermo. Curiosamente, se cumplieron 101 años de su muerte justo el sábado de la Pasión. Estando ya contagiado, este pastorcito, tranquilo y contemplativo, preguntó a su prima, quien más adelante se convertiría en sor Lucía: «¿Nuestro Señor aún estará triste? Tengo tanta pena de que Él este así. Le ofrezco cuanto sacrificio yo puedo».1

No cabe la menor duda que los hermanitos Marto comprenden los dolores que padecen los enfermos por el covid-19, así como la angustia de sus seres queridos, quienes además no pueden acompañar de cerca a sus pacientes. Pidámosles a los niños santos que nos ayuden a ser tan valientes como lo fueron ellos frente al sufrimiento físico. Pidámosles que nos enseñen a siempre ofrecer las grandes y pequeñas contrariedades de cada día al Señor, en desagravio de nuestros pecados y los pecados de otros.

Martes santo: santa Corona

Santa Corona

¿Puede creerlo? Se han multiplicado los pedidos de intercesión a santa Corona. Lo poco que se sabe de esta mártir adolescente es que, durante el reino de Marco Aurelio, ella y san Víctor fueron ejecutados cruelmente en Siria, en el año 176, por confesar la fe cristiana. Su fiesta se celebra el 14 de mayo2. Históricamente le han rezado los buscadores de tesoros y personas con problemas monetarios o enviciados con juegos del azar, pero en el presente le están llegando súplicas para su intercesión, a fin de detener la actual pandemia. 

Recientemente, personeros de la catedral de Aachen, en Alemania, sacaron las reliquias de santa Corona, para exhibirlas en el verano. Sus restos yacen en un bellísimo reliquiario de oro, bronce y marfil que pesa 216 libras3.

Aunque ignoramos si en vida santa Corona enfrentó una plaga, y aunque jamás le hayan rezado antes para frenar un virus, ella seguramente no desatenderá los ruegos de devotos cristianos que ahora la recuerdan con este propósito. De esta joven mártir podemos aprender a confesar nuestra fe, con entera libertad y una gigantesca dosis de valentía. Debemos hacer lo correcto y expresar nuestra opinión claramente, indistintamente de la incomprensión de un mundo secularizado y alejado de consideraciones sobrenaturales.

Miércoles santo: san Roque

San Roque, patrono de los enfermos, de los perros y demás animales. Foto de Santo Portal.

¡Este santo sí tiene abundante experiencia con las plagas! Parece ser que san Roque (o Rocco en italiano, o Roch en inglés) nació en 1295 y falleció en 1327. Durante su vida, ya empezaba a causar estragos en su natal Europa la Peste Negra. Algunas fuentes dicen que su padre era gobernador de Montpellier, puesto que heredó a los veinte años tras la muerte de ambos padres. Se disfrazó de peregrino mendicante y se encaminó hacia Italia, luego de distribuir su fortuna a los pobres y entregar el cargo político heredado a su tío.  Cuando llegó a Aquapendente, sin embargo, se detuvo para atender a las personas enfermas por la peste negra. Dicen que los curaba haciendo la señal de la cruz. Lo mismo ocurría en todas las ciudades que visitaba, hasta que él mismo contrajo la enfermedad, en Piacenza. Él se autoaisló de la sociedad, en un bosque, hasta recuperar su salud. Una vez sanó, retornó a Francia de incógnito, donde lo acusaron de ser un espía y lo metieron a la prisión.  

Murió después de permanecer encarcelado cinco años. Recibió un funeral público pues su verdadera identidad fue descubierta tras su muerte; ya para entonces gozaba de fama de santidad. Dicen que, en 1414, los pobladores de Constance organizaron unas procesiones en su nombre y le rezaron, y la plaga en ese lugar terminó. En 1485, sus restos fueron trasladados a Venecia donde aún se veneran.  Su fiesta se celebra el 16 de agosto y se le invoca contra la pestilencia, las plagas y en nombre de los inválidos4.

De san Roque podemos aprender a no rehuir a los retos que nos lanza la vida, y a servir a quienes nos rodean con paciencia y cariño. Los doctores, enfermeros y demás voluntarios en los hospitales pueden pedirle a san Roque el don de atender a sus pacientes infectados con covid-19, con cariño y dedicación, infundiéndoles la esperanza de una pronta recuperación. Cuando estemos muy desesperados de estar encerrados, pensemos en cómo habrá aprovechado el tiempo San Roque, probablemente para rezar, cuando estuvo solo el bosque o cuando fue injustamente privado de libertad.

Jueves santo: santa Rosalía

Santa Rosalía por Van Dyck.

No solo los miembros de la familia Sinibaldi en Guatemala sienten una particular afinidad por la santa virgen de Palermo, Italia, Rosalía Sinibaldi (1130-1166).  Ella probablemente huyó de sus nobles padres porque no deseaba contraer matrimonio, y se convirtió en una ermitaña que vivió el resto de sus días en cuevas. Es una santa muy querida y celebrada en su tierra natal. Cada 15 de julio, los fieles católicos pasean por la ciudad sus restos, guardados en una urna de plata.  También es recordada el 4 de septiembre. 

Siglos después de su solitaria muerte, un cazador descubrió la siguiente frase escrita en los muros de una cueva en Monte Coschina: «Yo, Rosalía, hija de Sinibaldo señor de Quisquina y de Rosas, he decidido vivir en esta cueva por el amor de mi Señor Jesucristo». Dicen que ella se le apareció al cazador, y le dijo que sacara sus huesos de la cueva para que los llevaran en procesión por toda la ciudad, tres veces. Ese año, 1624, la plaga había caído sobre Palermo. La plaga desapareció luego de que los ciudadanos siguieran las instrucciones de Rosalía, y por eso la proclamaron patrona de su ciudad. Construyeron un santuario en la cueva donde fueron descubiertos sus restos.

Un dato curioso es que Anthony van Dyck, el pintor flamenco, se quedó atrapado en Palermo debido a la cuarentena por la peste. Estando allí, pintó cinco cuadros de la santa.

De santa Rosalía podemos aprender a poner en primer, segundo y tercer lugar a Dios. Cuando nuestras prioridades están correctamente ordenadas, las cosas nos salen mejor y tenemos una mejor actitud hacia la vida.

Viernes santo: san Carlos de Borromeo

San Carlos de Borromeo visitando a enfermos de peste por Karel Skréta.

El 1 de noviembre de 1610, el papa Paulo V canonizó a Carlos Borromeo, quien en vida sirvió denodadamente a la ciudad de Milán como arzobispo, del año 1565 a 1583.  San Carlos era de cuna noble y sobrino del papa, por lo cual muchos pensaron que sus nombramientos obedecían al nepotismo. Su tío, el cardenal Giovanni Angelo Medici, tuvo que abandonar el cargo de arzobispo de Milán al ser electo como papa Pío IV el 25 de diciembre de 1559. El nuevo papa hizo cardenal a su sobrino, y le dio una serie de encargos en Roma. Entre otras cosas, el joven Carlos organizó la última sesión del concilio de Trento. Es, junto con san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz, una de las figuras claves de la contrarreforma: vivió con frugalidad y desprendidamente, y quiso reformar la Iglesia desde adentro.  Leemos en su escudo «Humilitas» , y vivió acorde. 

Ya en Milán, san Carlos Borromeo acompañó a su ciudad durante el tiempo de una peste que cobró la vida de por lo menos un tercio de la población citadina y motivó al resto a permanecer encerrados. 

El arzobispo Borromeo ordenó que se realizaran tres procesiones generales durante los primeros días de octubre, las cuales encabezó él mismo. Aunque no era época de cuaresma, el arzobispo impuso las cenizas en las cabezas de miles de personas el primer día, y los exhortó a hacer penitencia. Como la peste no se iba, mandó a colocar veinte columnas con cruces, para que desde los distintos vecindarios las personas pudieran «asistir a las misas y rogativas públicas asomados a las ventanas de sus viviendas»5. La ciudad consideraba a san Sebastián su protector, pues la había resguardado de una peste anterior, en 672; por ello, san Carlos propuso la erección de una iglesia en honor de san Sebastián, la cual se empezó a construir en 1577 cuando la peste había terminado.

A raíz de estas vivencias con la peste, san Carlos escribió su Memoriale, el cual contiene sus meditaciones durante este tiempo de conversión y purificación. Por ejemplo, escribió de Dios misericordioso: «Él hirió y Él sanó; Él azotó y Él curó; Él empuñó la vara de castigo, y ha ofrecido el báculo de sostén».

Murió en 1584, de 46 años, diciendo «Ya voy, Señor», y sus simpatizantes le apodaron el «segundo Ambrosio». Podemos imitar a san Carlos Borromeo en sus dotes de líder. También nos modela la humildad, el sentido de servicio, y la preocupación por la atención física y espiritual de las personas bajo su responsabilidad.

Sábado de Gloria: los 14 santos auxiliadores

Los 14 santos auxiliadores.

Marvel tiene su liga de héroes imaginarios, pero la iglesia cuenta con su propia liga de catorce «vengadores», o ayudantes, que fueron invocados constantemente por fieles europeos para combatir la Peste Negra que devastó la región de 1346 a 1349. Tienen fama de hacer milagros, y, sobre todo en Alemania, surgió la costumbre de pedirles en grupo. Incluso tienen un día, el 8 de agosto, el día de los Catorce Santos Auxiliadores6, y una letanía dedicada a ellos.  A continuación, los nombres de los santos:

  1. San Jorge: procedente de Capadocia, Turquía y víctima de la persecución de Diocleciano. Murió mártir, atado a una rueda con picos y luego decapitado.
  2. San Blas: obispo en Armenia, fue arrestado por el emperador Licinio en 316. También fue decapitado.
  3. San Egidio: de Atenas, Grecia, creo un monasterio en Francia y fue asesor del padre de Carlomagno. No murió mártir.
  4. San Dionisio: san Pablo lo convirtió en su famoso discurso del areópago, laboró y trabajó en Francia, y murió decapitado en el lugar donde ahora está la iglesia de Montmatre.
  5. San Eustaquio: mártir en tiempos del emperador Trajano, en 118. Se convirtió al cristianismo tras ver un crucifijo sobre los cuernos de un alce. Fue quemado.
  6. San Erasmo: vivió en las montañas de Líbano, como ermitaño, durante las persecuciones de Diocleciano; fue capturado y torturado de vuelta en Italia, pero murió en paz en 303, tras su liberación de la cárcel por un ángel.
  7. San Ciríaco: era un diacono romano perseguido por Diocleciano. Curó a la hija del emperador de ceguera. El nuevo emperador lo martirizó y decapitó.
  8. San Cristóbal: era un converso al cristianismo grande y fuerte. Un día, ayudó a un niño a cruzar un río sobre su espalda. A medio camino el niño le pesó mucho y oyó la voz de Jesús que le cambió el nombre a Cristóbal. Convirtió a la fe miles en Turquía. Murió decapitado en 250.
  9. San Vito: fue criado por una niñera y su esposo, que era católicos, y los tres fueron perseguidos por romanos y murieron mártires el 303.
  10. San Pantaleón: médico cristiano al servicio del emperador Maximino, quien, enfurecido por su fama de curas milagrosas, lo mandó clavar a un árbol y decapitar. Murió en 308.
  11. San Acacio: también de Capadocia, un soldado y capitán romano que escuchó el llamado de Dios y se bautizó. Fue decapitado en 303.
  12. Santa Bárbara: su padre la encerró en una torre para que no oyera sobre el cristianismo, pero Origen logró mandarle un discípulo, disfrazado de médico, quien la instruyó en la fe y la bautizó. Su propio padre la decapitó.
  13. Santa Catalina de Alejandría: Hija de la reina de Egipto, conoció la fe católica y fue martirizada por Maximino quien la ató a una rueda con púas y la decapitó en 307.
  14. Santa Margarita: Nació en Antioquía y fue criada católica. Se rehusó a casarse con un pagano. Fue torturada y finalmente decapitada en 3047.

La mayoría de nosotros no sufriremos las torturas ni el martirio que soportaron doce de estos catorce santos auxiliadores. Pero quizás meditar sobre su testimonio nos ayude a encarar los contratiempos, los enojos, las incomprensiones y la intolerancia, sobre todo si es por cuestiones relacionadas con nuestra fe, con entereza.

Domingo de la Resurrección: san Sebastián

San Sebastián

Los museos más prestigiosos del mundo contienen hermosas pinturas de san Sebastián, atado a un pilar o un tronco, herido por múltiples flechas, y alzando la vista al Cielo. Desde Andrea Mantegna, Francesco Gentile dal Fabriano, Perugino y Rafael, hasta El Greco, Rubens y Reni—todos elaboraron obras maestras representando a este valiente cristiano.  Lo que no muchos saben es que san Sebastián, el patrono de los soldados y atletas, es invocado para contrarrestar los efectos de las pestes, y que no falleció a causa de las flechas.

Parece ser que Sebastián nació en Narbona y fue educado en Milán, en tiempos del emperador Diocleciano. Su padre era militar y noble, y él también llegó a ser un centurión respetado por sus superiores y compañeros. Era muy apostólico y se le atribuyen muchas conversiones. Así, pronto Diocleciano supo que Sebastián era cristiano, y lo obligó a escoger entre seguir siendo soldado o cristiano. Fue entonces que el emperador ordenó que llevaran al joven al estadio, lo amarraran a un poste y le apuntaran una lluvia de flechas para darle muerte. No murió. Sus amigos tomaron el cuerpo y lo llevaron a casa de Irene, una cristiana. Cuando gracias a sus cuidados logró recuperar su salud, se presentó ante un sorprendido emperador.  Le pidió que dejara de perseguir a cristianos. Diocleciano ordenó que mataran a Sebastián con azotes. Otra mujer cristiana recogió su cuerpo y lo enterraron en las catacumbas de Roma8.

En la Edad Media, muchos creyentes europeos pidieron a san Sebastián su intercesión para luchar contra la peste. Según Juan Esteva de Sagrera, «Esas llagas…fueron en principio relacionadas con las bubas causadas por la peste que diezmó a Europa en el pasado, sin que existiese contra ella otro remedio que la oración, la penitencia y huir pronto y volver tarde, como recetaban los médicos. … Por analogía, se relacionó a san Sebastián con la peste: como los apestados, sufría las flechas de la peste y en su cuerpo surgían las llagas mortíferas»9. De allí se convirtió en el santo que compatía la peste y le construyeron iglesias, estatuas y comisionaron cuadros. 

San Sebastián era un entusiasta y comprometido soldado del cristianismo. En este Domingo de Resurrección, podemos pedirle a san Sebastián, quien prácticamente resucitó del primer y fallido intento por matarlo, que la mayoría de las personas que contraigan el virus recuperen plenamente su salud. Y que Guatemala pronto se vea librada de la peste.


Notas

  1. https://www.aciprensa.com/recursos/beatos-francisca-y-jacinto-marto-4186, https://www.aciprensa.com/recursos/beato-francisco-marto-4187, https://www.aciprensa.com/recursos/beata-jacinta-marto-4188
  2. “Saint Victor and Saint Corona”, Catholic Online/Saints and Angels, recuperado de https://www.catholic.org/saints/saint.php?saint_id=1968
  3. Valentina di Liscia, “The true significance of St. Corona, the viral saint”, Hyperallergic, 26 de marzo del 2020, recuperado de https://hyperallergic.com/549630/saint-corona/
  4. Ver “St. Roch”, New Advent Catholic Encyclopedia, recuperado de http://www.newadvent.org/cathen/13100c.htm y “St. Roch”, Catholic Online/Saints and Angels, recuperado de https://www.catholic.org/saints/saint.php?saint_id=156
  5. San Carlos Borromeo, corazones.org, recuperado de http://www.corazones.org/santos/carlos_borromeo.htm. Ver también St. Charles Borromeo, New Advent Catholic Encyclopedia, recuperado de http://www.newadvent.org/cathen/03619a.htm
  6. Philip Koloski, “¿Conoces a los 14 santos auxiliadores?”, Aleteia, 8 de agosto del 2017, recuperado de https://es.aleteia.org/2017/08/08/conoces-a-los-14-santos-auxiliadores/
  7. Las breves biografías fueron tomadas de Brian Kelly, “The Fourteen Holy Helpers”, Catholicism.org, 7 de junio de 2016, recuperado de https://catholicism.org/the-fourteen-holy-helpers.html
  8. St. Sebastian, Catholic Online, Saints and Angels, recuperado de https://www.catholic.org/saints/saint.php?saint_id=103 y San Sebastián, Mártir, Aciprensa, 20 de enero, recuperado de https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=24
  9. Juan Esteva de Sagregra, “San Sebastián, Venecia y la peste”, El Farmacéutico, 2 de mayo de 2018, recuperado de http://www.elfarmaceutico.es/index.php/detras-del-espejo/item/9024-san-sebastian-venecia-y-la-peste#.Xot5zy3SF0s