Laudato Si: El cambio climático (II)

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Por Carroll Ríos de Rodríguez | [email protected]

La encíclica del Papa Francisco diagnostica cuatro preocupaciones ambientales: el cambio climático y la contaminación, la calidad del agua, la pérdida de la biodiversidad y el deterioro de la vida humana y degradación social.  Empecemos por analizar el cambio climático.

Aceptamos, de sentido común, a priori, que el clima cambia a través del tiempo. Si las estaciones se replican anualmente, si hoy llueve y mañana hace calor, ¿podemos negar que la temperatura promedio de la Tierra oscile? Ya desde que nació la paleoclimatología en el siglo XIX, los científicos intentan detectar, a través del análisis de accidentes geográficos y fósiles, variaciones a lo largo de millones de años.

No obstante, la polémica política y científica hoy se centra en dos hipótesis relacionadas. La encíclica describe la primera hipótesis así: “nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático.” (23) La segunda hipótesis, también plasmada en la encíclica, es que las acciones de los seres humanos provocan ese calentamiento. Laudato Si afirma que “hay un consenso científico muy consistente” respecto de la primera tesis, que debe impulsar a “la humanidad a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y consumo, para combatir ese calentamiento, o al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan.” (23)

En diciembre del 2015, vimos imágenes de la naturaleza amenazada por el hombre danzar por primera vez sobre los muros de la Catedral de San Pedro. Con ocasión de la apertura del Jubileo de la Misericordia, se realizó el espectáculo de luces titulado “Fiat Lux: iluminando nuestra casa común”. Ninguno de los patrocinadores del espectáculo es conocido por su catolicismo: el grupo del Banco Mundial (Connect4Climate), Vulcan Production, la Fundación Li Ka-shing y Okeanos. La proyección en el Vaticano coincidió con la Conferencia de la ONU sobre cambio climático, COP21, realizada en París del 30 de noviembre al 12 de diciembre.  Observa David Spady de The American Spectator, que “a pesar de toda la hipérbola catastrófica alardeada en vísperas de la mega-conferencia sobre el clima en París…la labor de los alarmistas fracasa… los ambientalistas están frustrados…”. Ese mega-compromiso internacional, motivado por temores apocalípticos, no se firmó. Concuerdo con Spady que ello no se debe a indiferencia o ignorancia, sino a fallas tanto en la ciencia como en la política.1

Las hipótesis científicas son precisamente eso, hipótesis. Pese a la percepción de consensos, la evidencia empírica sigue siendo evaluada y conviven hipótesis contrarias. Existen otros factores, además de la actividad humana, que impactan sobre las temperaturas globales, como por ejemplo la actividad solar. Los climatólogos dicen que la temperatura terráquea era 10 grados Celsius más alta que la actual en tiempo de los dinosaurios (cuando no existían humanos contaminadores).  Estiman que la temperatura promedio subió menos de un grado en los últimos cien años, y que este cambio se dio antes de que comenzaran a incrementarse las emisiones de gases de efecto invernadero.  Según el National Center for Policy Analysis, “la humanidad es responsable de aproximadamente una cuarta parte del 1% del efecto de invernadero”. Agrega que “sabemos muy poco sobre el 75%  de los factores que los científicos consideran como influyentes en la temperatura global”.2  Por otra parte, algunos científicos afirman que el cambio climático trae beneficios para los hombres y las plantas; no tiene que ser la catástrofe usualmente pintada.

Los mismos sondeos de la NASA, despacho estatal desde donde James Hansen lanzó la primera voz de alarma en 1988, muestran que la temperatura promedio mundial ha permanecido estable por casi veinte años.   Lo que es real, afirma The Global Warming Policy Foundation, es el estancamiento de la temperatura.3

Por otra parte, el Observatorio Pulkovo en San Petersburgo, Rusia, anunció que inicia una era glaciar.  Ya en el 2011 nos habían informado que la Sociedad de Astrónomos de América preveía un período de inactividad solar, similar al que se vivió entre 1645 y 1715, lo cual provocaría un ambiente más frío.  Y un informe, nada más y nada menos que del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), constata que el período de enfriamiento no terminará sino hasta mediados de siglo.

En otras palabras, cada vez se suman más voces al bando escéptico del calentamiento antropogénico, voces que no son mencionadas en la encíclica. Los católicos de buena fe debemos abordar el debate científico con mente abierta, buscando la verdad.

La ciencia busca la verdad sometiendo sus hipótesis a pruebas empíricas. Esa búsqueda se ve limitada cuando los intereses políticos obligan un “consenso”. La corrección política impone un lenguaje, unas ideas y una agenda. Engendra la autocensura y la mediocridad. Su espíritu es autoritario y sus soberbios guardianes practican el bullying, aunque se retraten como custodios de los derechos humanos y la tolerancia. Las personas que son intelectualmente honestas deben resistir esa presión, cultivando la virtud de la humildad y un solemne respeto por su profesión y la libertad personal. So pena de perder sus empleos y de ser aislados del gremio, algunos climatólogos denuncian la politización de su ciencia. Profesionales alemanes, por ejemplo, circularon un memorándum en el Internet, que resumía su preocupación: “Debemos desear, en general, y también en nuestro campo académico, regresar a la práctica internacional científica que se ve libre de las preconcepciones y las opiniones prejuiciosas pétreas. Ello debe incluir la libertad para presentar resultados científicos (naturalmente bien fundamentados) aún cuando éstos no corresponden con la opinión dominante (por ejemplo, los requisitos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático–IPCC).”4 El caso del meteorólogo sueco Lennart Bengtsson influyó sobre los redactores del memo. Bengtsson pasó de recibir premios por su trabajo pionero en la predicción numérica del clima, al repudio por haberse afiliado a la Fundación sobre la Política del Calentamiento Global (GWPF), una organización disidente. Renunció a la GWPF a las pocas semanas porque “no esperaba tanta presión mundial de una comunidad a cual estuve cercano durante toda mi vida activa”. Una revista académica se negó a publicar su artículo: los alineados sostienen que contenía errores y deficiencias, pero los escépticos dicen que fue porque presentaba evidencia contra el dogma respecto del efecto del invernadero.

Desde la publicación de Laudato Si, el debate en Roma también se ha intensificado. Los pronunciamientos respecto del calentamiento global son equivalentes a las enseñanzas magisteriales respecto del aborto como pecado, insinuó el Canciller de la Academia Pontificia de Ciencias y de Ciencias Sociales, el Obispo Marcelo Sánchez Sorondo, de ascendencia argentina. Empero el sacerdote Joseph Fessio, SJ, respondió que “ni el Papa ni el Obispo Sorondo pueden hablar sobre una materia científica con autoridad vinculante, por lo cual usar la palabra magisterio en ambos casos es equívoco o ignorante.”5 El intercambio ocurrió en un evento organizado por Instituto Acton en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en diciembre de 2015. El Presidente de Acton Institute, el sacerdote Robert Sirico, respaldó a Fessio: “La Iglesia no aduce hablar con la misma autoridad sobre asuntos económicos o científicos como cuando se pronuncia sobre asuntos de fe y moral.” La misión de la Iglesia no es de índole política, económica o social.

De lo anterior se desprende que los católicos debemos favorecer una exploración científica ética, abierta, intelectualmente honesta, transparente y competitiva que nos permita aproximarnos a la verdad sobre el cambio climático. Tal entorno requiere de una serenidad, prudencia y cautela difíciles de alcanzar cuando prevalece una mentalidad de crisis. Si fuera cierto que los seres humanos estamos acabando con la Tierra arruinando el clima, entonces habría que pasar del estudio a la acción inmediata.

“El clima es un bien común, de todos y para todos” afirma el punto 23 de Laudato Si.  En los siguientes tres incisos se vislumbra un supuesto social: los patrones de producción y consumo de los habitantes en los países desarrollados imponen altos costos sociales y climáticos a los países en vías de desarrollo, porque “sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos…”. (25)  Además, los países pobres no pueden hacer frente las catástrofes por falta de recursos financieros.

Una lectura ligera de la encíclica parece alinear la postura del Vaticano con la de organizaciones internacionales como la ONU. La solución cajonera al calentamiento global es suscribir acuerdos internacionales, modificar leyes nacionales e instalar programas gubernamentales para restringir las acciones de personas individuales y corporaciones que emiten gases tóxicos y contaminantes, así como subsidiar las llamadas tecnologías verdes. Al decir que es un problema global, se insinúa que la respuesta debe ser también global: una única estrategia dictada de arriba hacia abajo. Y la factura la deben calzar, en primera instancia, los países más ricos por ser considerados los contaminadores más ofensivos.

Volvemos a hacer hincapié en el hecho que el Papa Francisco no pretende casarse con un conjunto de políticas públicas ambientalistas, que pudieran o no ayudar a remediar el problema identificado, si es que es problema. Sí puede exhortar a los fieles católicos a: a) estudiar a fondo el debate científico sobre el calentamiento global, b) invitarnos a pensar sobre las ramificaciones morales y teológicas de nuestros actos sobre el estado de la Casa Común, y c) motivarnos a que libremente adoptemos posturas o conductas que en conciencia consideremos congruentes con una sana preocupación ambiental.


Bibliografía y referencias

1 David Spady, “#COP21: The Great Cliamte Change Propaganda Failure”, The American Spectator, Diciembre 12, 2015, http://spectator.org/articles/64912/cop21-great-climate-propaganda-failure

2 Entre otras publicaciones del NCPA se puede consultar “Myths of Global Warming” por H. Sterling Burnett, http://www.ncpa.org/pub/ba230

3 Puede visitar el sitio de la organización aquí: http://www.thegwpf.org

4 Publicado en mayo del 2014 por Pierre Gosselin en http://notrickszone.com/2014/05/16/leaked-memo-on-climatology-exposes-growing-worry-within-german-meteorological-society-unacceptable-unethical-developments/#sthash.x7B5VYkN.dpbs

5 Ver cobertura del evento en artículo publicado por John Henry Westen, “Vatican bishop: Pope’s view on global warming is as authoritative as the condemnation of abortion”, CatholicCitizens.org, http://catholiccitizens.org/news/63600/vatican-bishop-popes-view-on-global-warming-is-as-authoritative-as-the-condemnation-of-abortion/

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