Por Jesús María Alvarado Andrade | jmalvarado@ufm.edu

 «…si eres neutral en situaciones de injusticia,
has elegido el lado del opresor».
Desmond Tutu

En 2008, Mario Vargas Llosa planteaba un interesante tema que cristalizaría posteriormente en su célebre libro «La civilización del espectáculo». El planteamiento del premio nobel consistía en criticar esta moda ideológica que ha colocado al entretenimiento y la diversión como fin absoluto o pasión universal, en detrimento de muchos de los valores que hicieron posible a la sociedad abierta, capitalista y moderna.

Vargas Llosa, con su clásica actitud liberal mostraba que si bien la diversión no era perversa en sí misma, en tanto es algo tan humano que solo podría negar un fanático, podría convertirse –como de hecho sucede- en una «ideología» que consiste en «pasarlo bien» –chévere se diría en Venezuela- como un valor supremo que acarrearía grandes problemas sociales, culturales y civilizatorios.

La consecuencia del espectáculo se traduce inevitablemente en la «banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y, en el campo específico de la información, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se alimenta de la chismografía y el escándalo»[1].

A efectos políticos, es menester indicar que la «civilización del espectáculo» esconde un grave problema que bien puede caracterizarse como indefensión ideológica, la cual se traduce en ver todos los sistemas políticos como portadores del estandarte de la libertad individual.

La indefensión consiste en que comoquiera que no hay sistemas «totalitarios» como el nazi o el soviético en el mundo actual, se asume que existe «rule of law» y «democracia política» urbi et orbi, obviando que la existencia de tales ideales solo son posibles gracias a los principios del orden social liberal hoy en día en descrédito[2].

Tal y como explicó Mark Lilla, la paradoja del discurso político de Occidente es que mientras «más nos sensibilizamos ante los horrores de las tiranías totalitarias, menos sensibles somos con respecto a la tiranía en sus formas más moderadas»[3], lo que solo podrá cambiar si se prescinde del lenguaje del antitotalitarismo y se estudia de nuevo el problema clásico de la tiranía[4].

Dentro de esta poca sensibilidad para con las nuevas formas de tiranía, podemos encontrar el ejemplo de la «revolución chavista», aquella que en 1999 conquistó el poder político a través de los mecanismos democráticos, y que una vez asumido el poder convocó una «Asamblea Nacional Constituyente» para detonar el sistema político-constitucional y arrasar con los actores políticos contrarios a la revolución, además de alterar los pesos y contrapesos necesarios en un régimen constitucional.

El juramento harto irregular en 1999 del demagogo Chávez como lo califica Lilla, era claro en cuanto a sus objetivos políticos inmediatos: «Juro ante Dios, ante la patria y ante mi pueblo, sobre esta moribunda Constitución, que haré cumplir e impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los tiempos». El desconocimiento de la Constitución de 1961 inició una «revolución legal» que luego se imitará en otros países de América Latina.

Luego de 17 años de «revolución» socialista, la «civilización del espectáculo» cada vez menos cosmopolita, encerrada en sus anhelos tribales, nacionalistas y patrioteros, no comprende la situación que ocurre en el país suramericano, otrora célula política, militar e intelectual de la independencia suramericana, comprometida cuando disfrutó de mayor libertad, con las luchas de diversos países en las diversas olas democratizadoras en la región.

Las noticias de Venezuela que generan escándalo, pasan por la falta de medicinas, alimentos, vestidos, servicios públicos, seguridad etc., pero no la claudicación de la libertad individual, política, del Estado de Derecho y la ausencia de democracia. Tampoco indigna la pérdida de vidas humanas, y los presos políticos, debido a la renuncia al pensar, y la imposibilidad de hurgar en las causas, efectos y repercusiones del experimento socio-político que allí ocurre, el cual puede tener implicaciones serias para la región.

Venezuela, con una superficie de 916,445 km2, más de treinta millones de personas, las reservas de petróleo más altas del mundo[5], oro, bauxita, hierro y todos los minerales inimaginables, con un atractivo para todos los emigrantes de Europa y de América latina en sus épocas más prósperas[6], tierra de Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Andrés Bello entre muchos más, y uno de los países más ricos de la región con uno de los más altos ingreso per cápita de la región a lo largo de muchas décadas, es hoy incomprensible para la «civilización del espectáculo», centrada más en los «storytelling» de la inacción, indiferencia y escándalo.

El país suramericano que para 1958 era el que «menor tradición democrática tenía»[7], inauguró una de los sistemas «democráticos» más sólidos de la región (el segundo después de Costa Rica), basado en un pacto entre partidos políticos de la oposición (Acción Democrática (AD), Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI) y Unión Republicana Democrática (URD)), a la dictadura militar conocido como «Pacto de Punto Fijo».

El «pacto», si bien tenía problemas de origen, representó un avance en un país que arrasado por el desgaste de una guerra de independencia (guerra civil también) dentro y fuera de su territorio, terminó con diversas revoluciones caudillistas y guerras civiles. De allí los elementos «consociacionales»[8] inevitables en un país fracturado. Si bien exitoso políticamente en sus inicios, tenía graves problemas que al cabo del tiempo afloraron.

Nacida de origen como una «democracia social» y no bajo una «democracia formal» cimentada en el «Estado de Derecho», el proceso político venezolano en la década de los cincuenta, fue pensada como un arreglo político entre diversos actores (políticos, económicos y sociales) basado en el «consenso» y no en el voto mayoritario.

De hecho, el sistema puede caracterizarse como un «complejo sistema de negociación y acomodación de intereses heterogéneos, en el que los mecanismos de tipo utilitario iban a desempeñar un papel central en la generación de apoyos al régimen y, por consiguiente, en el mantenimiento del mismo»[9].

La experiencia traumática del trienio 1945-1948, llevó a diversos actores a rectificar errores y deficiencias, lo cual hacía indispensable el «consenso» entre actores entendidos, excluyendo a actores calificados por el acuerdo de «extremistas», lo cual acarrearía con el tiempo un pase de factura de los excluidos.

Una vez agotado el «pacto», cayó inevitablemente la Constitución, la cual siempre fue un texto contentivo de «reglas de juego» del orden político no del todo normativas. Por ello, el sistema político-constitucional con una duración envidiable (1958-1998) cayó en una «revolución» de aquellos actores excluidos ideológicamente por el «pacto», que también arrasó con el modelo constitucional. De allí que las ideas de hoy sean las congeladas de los años sesenta.

La socialdemocracia en Venezuela, hegemónica, producto del «Pacto de Punto Fijo», no reparó en los peligros de una acción de gobierno redistributiva sin control, por la arrogancia derivada de los recursos petroleros nacionalizados cada vez más abundantes que manejaba el Estado, lo cual terminaría desvirtuando todo el orden político-constitucional.

Enfocados en una llamada «democracia social» basada en la «justicia social», en la «planificación democrática» y en la «función social» de la propiedad, los actores del sistema relegaron el «Estado de Derecho», la economía de mercado y la propiedad privada, al punto de que ello se tradujo en un Estado megalómano que mermó la sociedad civil, lo cual facilitará el advenimiento de un «Estado socialista» (2011-2016).

El descontento por la corrupción administrativa, el colapso de una economía altamente controlada por el Estado, la debacle de la calidad de vida de los ciudadanos acostumbrados a una vida muy parecida a la de los países desarrollados, pero sin mucho esfuerzo, debido a las bendiciones naturales, además de la falta de independencia de los poderes públicos, fueron algunos de los factores que agravaron la crisis del sistema.

Los recursos que se generaban producto de una economía altamente consumista derivado de la renta petrolera, despertó gran interés en ciertas empresas internacionales y nacionales, en aquellos umbrales que no eran de gran atracción para el Estado voraz, lo que mermó la estructura económica

La frustración ciudadana por un sistema político y económico cada vez más en crisis, sumados a los anhelos de cambio ingenuos, sin saber a dónde se orientaría ese cambio, fue interpretada por algunas corrientes de izquierda, con influencias en la cultura nada despreciables, si se analizan los actos inconstitucionales por parte de fuerzas militares que trataron de deponer al gobierno constitucional (1992), quienes por lo demás son los actores del poder actual.

El país que contaba con el régimen democrático más estable de la región, pasó en un lapso de 58 años a ser semidemocrático y de pleno autoritarismo competitivo[10] con fuertes tendencias totalitarias. Históricamente huelga destacar, que en América latina habían al menos diecisiete regímenes autoritarios, dos democracias (Costa Rica y Venezuela) y una semidemocracia (Colombia).

En la actualidad, Venezuela es el enigma de la región y parece advertir ciertos males que pueden repetirse en muchos países con más fragilidad institucional.

Hoy el enigma Venezuela cuenta con un régimen tachado de violador de derechos humanos, de violador de la Constitución de 1999 que ellos mismos se dieron, represivo, intervencionista, tanto en el ámbito nacional como en la esfera internacional, cuando no violento y desacertado en el manejo de los recursos públicos. El «Estado de Derecho» desaparecido, la «democracia» olvidada, la «prosperidad material» relegada por un régimen socialista que pretende imponer las viejas tesis colectivistas de los años sesenta, hoy parece algo tan incomprensible que no puede asimilarse en su magnitud.

La falta de sensibilidad histórica ha olvidado que solo es posible evitar los errores del pasado si se eleva la conciencia y responsabilidad internacional sobre lo que «debemos hacer como miembros de las comunidades políticas»[11]. Al mismo tiempo, la defensa de la libertad individual y de los derechos individuales se fortalece si se evita la típica actitud descrita de «indiferencia, o solamente abarcar nuestro interés» como «forma de vaciamiento de contenidos»[12].

La garra del régimen socialista de turno ha logrado influenciar a partidos políticos europeos[13] y latinoamericanos en aras de lograr influencia, apoyo político, intelectual y económico. Ha intervenido o establecido relaciones con intenciones ideológicas en Bolivia[14], Argentina[15], Paraguay[16], México[17], USA[18], Inglaterra[19], Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Cuba, Dominica, Republica Dominicana, Granada, Guyana, Jamaica, Bielorrusia, Irán, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Haití, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Brasil, etc. [20]

Por si fuera poco, el régimen ha establecido relaciones internacionales con regímenes como el de Rusia, China y Corea del Norte, sin menoscabo de las estrechas relaciones con dictadores como Sadam Hussein[21], Muammar Gaddafi[22], Robert Mugabe[23] y Aleksandr Lukashenko[24] entre otros.

La explicación de todo lo acontecido en Venezuela amerita mayores reflexiones. Sin embargo, en muy poco tiempo, Venezuela, un país dirigido a la modernidad, rico en recursos naturales, con transformaciones importantes que lo catapultaron como referencia para muchas personas en el mundo, con respeto en la comunidad internacional, con una sociedad bastante hostil al credo socialista autoritario, rápidamente devino conquistado por una «revolución» que venía actuando en la sombra sin que las personas se dieran cuenta[25].

Por ello, luce menester concluir con el vaticinio que formulara Aníbal Romero, precisamente en los años en que Venezuela se creía «excepcional», para entender lo que sucede allí o puede suceder en otros lados:

«A primera vista, el lector podría razonablemente preguntarse qué sentido tiene discutir el socialismo en relación con las perspectivas de la democracia venezolana. En nuestro país el apoyo electoral recibido por las opciones de izquierda socialista ha sido tradicionalmente mínimo, y por ahora no parecen existir motivos suficientes que permitan presumir que se producirá un cambio radical de dirección en favor del socialismo en un futuro cercano. No obstante, considero indispensable tratar el tema de la alternativa socialista en conexión con mi discusión sobre la democracia en Venezuela por dos razones principales. En primer lugar, a pesar de que, como ya dije, la izquierda socialista atraviesa estos años uno de los peores momentos de su historia, caracterizado por la confusión ideológica, la debilidad organizativa y la ausencia de un apoyo de masas, el proceso de deterioro de la democracia populista podría –a mediano y largo plazo– hacer que las cosas cambien, abriendo para las fuerzas socialistas un mucho más amplio espacio político. Desde luego, la evolución de los eventos podría también conducirnos en otros sentidos, más lo único que he querido afirmar es que la salida socialista –que por motivos a explicar considero totalmente negativa e inconveniente– es una de las posibles vías en que puede orientarnos la decadencia populista»[26].

____________________________________________________

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.  El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el desarrollo humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.

[1]Vargas Llosa, Mario, «La civilización del espectáculo» en Letras Libres, México, 28 de febrero 2009 en http://www.letraslibres.com/mexico-espana/la-civilizacion-del-espectaculo

[2] Hayek, F. A., Individualism and Economic Order, University of Chicago, USA, 1996, pp. 1-33.

[3] Lilla, Mark, «La nueva era de la tiranía» en Letras Libres, México, 31 de diciembre 2002, en http://www.letraslibres.com/mexico-espana/la-nueva-era-la-tirania

[4] Ídem.

[5] https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/rankorder/2244rank.html

[6] http://cedice.org.ve/camino-de-servidumbre-venezolano-carlos-ball/

[7] Brewer-Carías, Allan R. La Crisis de la Democracia Venezolana. La Carta Democrática Interamericana y los Sucesos de Abril de 2002, 6° edición ampliada, Los Libros de El Nacional – Colección Ares, Caracas, 2002, p. 3.

[8] Linz, Juan J. «The Perils of Presidentialism» en Journal of Democracy, Volume 1, Number 1, 1990, p. 68.

[9] Rey, Juan Carlos, «La democracia venezolana y la crisis del sistema populista de conciliación» en Revista de Estudios Políticos, n° 74, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 1991, p. 543.

[10] Mainwaring, Scott y Pérez-Liñán, Aníbal «La democracia a la deriva en América Latina» en Revista de Reflexión y Análisis Político, Vol. 20, Nº. 2, Revista POSTData, Buenos Aires, 2015, p. 270.

[11] http://www.oas.org/es/centro_noticias/comunicado_prensa.asp?sCodigo=D-011/16

[12] http://www.oas.org/es/centro_noticias/comunicado_prensa.asp?sCodigo=D-011/16

[13] http://www.elmundo.es/espana/2016/04/05/5703626eca474123688b4587.html

[14] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_6682000/6682189.stm

[15] http://www.el-nacional.com/mundo/Corte-argentina-maletin-Antonini-Wilson_0_824317839.html

[16] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/07/120704_paraguay_lugo_maduro_video_franco_vh.shtml

[17] http://www.jornada.unam.mx/2010/12/03/index.php?section=politica&article=004n1pol

[18] http://www.el-nacional.com/mundo/Pdvsa-fortalecera-apoyo-humildes-Bronx_0_488951120.html

[19] http://www.eluniversal.com/internacional/120503/alcalde-de-londres-usa-a-venezuela-como-argumento-contra-su-oponente

[20] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/03/150310_brasil_venezuela_negocios_gl

[21] http://elpais.com/diario/2000/08/11/internacional/965944810_850215.html

[22] http://news.bbc.co.uk/2/hi/8307234.stm

[23] http://www.elmundo.es/america/2009/11/22/noticias/1258910631.html

[24] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/01/140117_venezuela_bielorrusia_chavez_lukashenko_vh

[25] En una entrevista que le hiciera Carlos Rangel (CR) y Sofía Ímber,(SI) a F.A Hayek (FVH), se puede observar la volatilidad ideológica en nuestros países: «SI: Usted estuvo la semana pasada en la UCV donde dictó una conferencia sobre los errores intelectuales del socialismo y fue ovacionado. ¿Usted creería, si se lo hubiera dicho alguien, que todavía no hace mucho tiempo usted ni siquiera hubiera podido pisar la UCV? FVH: Yo quedé sorprendido, y yo empecé mi charla en la UCV, explicándole a los estudiantes y profesores reunidos allí que yo soy un antisocialista radical y esto fue aceptado perfectamente por la audiencia. Las preguntas fueron muy interesantes, muy inteligentes, tanto las preguntas que me formularon profesores como las hechas por estudiantes avanzados, fueron muy pertinentes. Tampoco una oposición fuerte, no hubo pitos, no hubo gritos en contra. Fue realmente una discusión muy instructiva. CR: Reitero, que yo no sé si el profesor Hayek se da cuenta de hasta qué punto es un hecho asombroso esto, porque hasta hace poco tiempo, alguien que viniese a sostener sus ideas no hubiera podido entrar a la UCV». Programa: Buenos días, Canal: Venevisión, fecha: 16-11-1982. La cuestión es asombrosa dado que el propio Carlos Rangel, bastante deferente para con el experimento democrático, debido a que se libraba una guerra ideológica y contra la guerrilla de izquierda, fue atacado por tirios y troyanos en su defensa de la sociedad abierta.

[26] Romero, Aníbal, La miseria del populismo Historia y política de Venezuela, Obras selectas, Vol. 2, Editorial Equinoccio, Caracas, 2010, p. 109.

© 2018 Instituto Fe y Libertad Guatemala, Guatemala 01010

Follow us: