Por María Renée Estrada | mrestrada@fadep.org

El manifiesto de la marcha Guate por la vida y la familia fue claro, y a pesar de los constantes ataques, desinformación y vinculación con políticos y personajes polémicos cumplió su cometido: Alzar la voz por la defensa de la vida y la familia en Guatemala. Estamos convencidos que fuimos escuchados, pero ¿qué nos movía? ¿qué buscábamos? ¿qué vamos a hacer ahora?

El contexto

El 2 de agosto un grupo de personas particulares convocó a la marcha Guate por la Vida y la Familia, en respuesta directa a dos iniciativas de ley que se estaban discutiendo en el Congreso de la República de Guatemala en ese momento (5376 y 5395), propuestas por la diputada Sandra Morán de la Bancada Convergencia.

Sin embargo, el asunto va más allá, en el contexto nacional e internacional sabemos que el tema de la legalización del aborto “está de moda”, como también sabemos que es uno de tantos temas impulsados por agendas internacionales. Si creemos y consideramos que Guatemala es un país pluricultural, multiétnico y multilingüe, habitado por cuatro pueblos: maya, garífuna, xinka y ladino o mestizo; en el diseño, formulación y desarrollo de leyes, políticas, planes, programas y acciones, así como en el diseño de la institucionalidad encargada de implementarlos es necesario tener en cuenta la pertinencia cultural y la cosmovisión de todos los pueblos.

Por tanto, cualquier planteamiento contrario pareciera más un tipo de colonización ideológica, impuesta a través de una legislación. ¿Qué buscábamos entonces, al ser parte de esa marcha?

El statement

Fijar una postura es importante, y la sociedad guatemalteca lo hizo caminando durante varias horas desde la Municipalidad de Guatemala hasta la Plaza de la Constitución. Si bien la marcha surgió como respuesta a las últimas iniciativas de ley propuestas por la Diputada Sandra Morán, de la bancada Convergencia, el objetivo del evento organizado por sociedad civil era hacer eco sobre los grandes temas que conciernen a la defensa de la vida y la familia, y que hemos visto avanzar a nivel internacional:

Una gran mayoría de guatemaltecos defendemos y promovemos el derecho a la vida desde la concepción, primer y fundamental derecho humano del cual surgen todos los demás derechos.

Afirmamos que el hombre y la mujer, diferentes pero complementarios, tienen la misma dignidad y derechos.

Afirmamos que la familia es el núcleo básico de la sociedad, la cual tiene su origen en el matrimonio entre un hombre y una mujer.

Reconocemos que los padres son los principales educadores de sus hijos y tienen el derecho de elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos.

Afirmamos que toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia, de religión y de expresión.

¿Y ahora qué?

El reto

Actualmente, como sociedad guatemalteca, tenemos infinidad de tareas pendientes. ¿Seremos capaces de empezar a trabajar como una sociedad plural para velar por el bienestar de todos? ¿De ceder en ciertos puntos para alcanzar un bien mayor? ¿De dejar de mirarnos al ombligo y cultivar la virtud de la empatía y la solidaridad? ¿Por dónde empezamos? ¿Cómo priorizamos? Estas y otras preguntas son las que debemos hacernos, y ser capaces de responder, en la individualidad, para poder trascender y transformar nuestra colectividad. La defensa de la vida y la familia debe trascender también a las grandes complejidades del país; Y es un buen punto de partida considerando que, si creemos que la familia es el núcleo básico de la sociedad y que fortaleciéndola impactamos de manera positiva en el país, no podemos -ni debemos- bajar la guardia.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor. El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.

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