por Anne Bradley

Traducido por Jessica Paduán para el Instituto Fe y Libertad

Este artículo está traducido con permiso del Institute for Faith, Work & Economics. El artículo original apareció aquí. IFWE es una organización de investigación cristiana comprometida con el avance de los principios bíblicos y económicos que ayudan a las personas a encontrar satisfacción en su trabajo y contribuir a una sociedad libre y floreciente. Visite este enlace para suscribirse al blog diario gratuito de IFWE.

¿Sabías que el trabajo es signo de nuestra semejanza con Dios? En realidad, fuimos creados para trabajar (Génesis 1:26). Nuestros esfuerzos en el trabajo son un deleite para nosotros y para el Señor, y nos permite servir al bien común e impulsar el florecimiento a nuestro alrededor. De hecho, la creación de valor a través de nuestro trabajo es una forma de ser buenos administradores de la creación de Dios.

Sin embargo, para poder trabajar efectivamente y crear valor, necesitamos el entorno adecuado. Solo cuando hay un entorno donde se comprende la cooperación y el intercambio entre unos y otros, dentro de reglas establecidas, podemos servir efectivamente al prójimo con nuestro trabajo. Este tipo de entorno requiere una mayor libertad económica.

¿Qué es libertad económica?

La libertad económica es una medida de la capacidad de las personas —de cualquier raza, género o fe— para comerciar y usar sus dones y habilidades para servir a otros. Es el camino más conocido para potencializar la creatividad de cada individuo.

Cada año, la libertad económica se mide empíricamente mediante un índice. Los autores de Economic Freedom of the World Report (EFW) (informe sobre la libertad económica en el mundo) lo describen de esta manera:

Los individuos tienen libertad económica cuando la propiedad que adquieren —sin el uso de la fuerza, fraude o robo— está protegida de invasiones físicas y tienen la libertad de usarla, intercambiarla o darla, siempre y cuando sus acciones no violen los derechos idénticos de otros… En una sociedad económicamente libre, la función primordial del gobierno es proteger a las personas y su propiedad de la agresión de otros. El índice EFW (por sus siglas en inglés) está diseñado para medir el grado en que las instituciones y las políticas de una nación son consistentes con esta función de protección y libertad de los individuos para tomar sus propias decisiones económicas.

La libertad económica nos permite practicar mejor la enseñanza que nos da la parábola de los talentos acerca de la administración y la multiplicación de los recursos que se nos dan.

También nos da la mejor de las probabilidades de ofrecer una sociedad de oportunidades para todos los niveles de ingresos, no solo para los ricos. De hecho, si vamos a vivir nuestro llamado de cuidar de los más pobres, debemos fijarnos más de cerca en la libertad económica. Si usted se preocupa por la esperanza de vida, la mortalidad infantil, el desempeño ambiental, la reducción de la pobreza, los derechos civiles, el trabajo infantil y el desempleo, usted debe preocuparse por de la libertad económica.

La libertad económica se traduce en:

  • Mayor esperanza de vida
  • Niveles más bajos de mortalidad infantil
  • Mejor rendimiento y ambientes más limpios
  • Mayores ingresos para los pobres
  • Libertades civiles más protegidas
  • Menos trabajo infantil
  • Menos desempleo
  • Un mayor ingreso per cápita

(Puede encontrar la fuente aquí y aquí).

Hay muchas razones por la que los cristianos deben preocuparse por la libertad económica, a continuación las dos principales:

Razón #1: Estamos llamados a trabajar

Hemos sido creados a imagen de Dios, creados para trabajar como una forma de cumplir su propósito para nuestras vidas. Esto aplica tanto para el mecánico, como para el misionero. Dios nos ha dotado a cada uno de nosotros con habilidades únicas y con un propósito único.

Los copos de nieve proporcionan una analogía útil. Cuando miramos por la ventana durante una tormenta de nieve, vemos los puntos blancos que salpican el cielo en lugar de la complejidad del copo de nieve individual. Sin embargo, si ponemos los copos de nieve bajo un microscopio, vemos que cada uno es único. Si uno mira un partido de fútbol televisado y ve los ventiladores en los asientos a una distancia, todos se ven muy similares; no obstante, de cerca, cada uno de ellos es diferente.

Tal singularidad es parte del diseño de Dios. Nos permite unirnos en cooperación con los demás. Si fuéramos todos iguales, tendríamos menos incentivos para cooperar y además haríamos poco, o nada, para ayudar al prójimo o para hacer la vida mejor. La libertad económica ofrece oportunidades para que las personas exploten sus dones a través del trabajo y como resultado, servir al mundo.

Razón #2: Estamos llamados a servir a los pobres

La Escritura nos dice que al hombre virtuoso le preocupa la justicia para los pobres (Isaías 1:17). Los cristianos creen que la pobreza es una afrenta a la dignidad humana. Justicia significa capacitar a los pobres para elevar su dignidad, ayudando a escapar de las trampas de la pobreza. No hay mejor manera de organizar una sociedad para sacar a la gente de la pobreza que los mercados globales que son compatibles con la libertad económica.

Según un informe de Brookings, entre 2005 y 2010, casi la mitad de mil millones de personas salieron de la pobreza. Nunca en la historia tantas personas se libraron de la pobreza en tan poco tiempo. El informe luego dice que ese cambio fue impulsado por los más altos niveles de crecimiento económico sostenido que se haya registrado en los países en desarrollo.

Los principios de la libertad económica proporcionan un modelo para el florecimiento humano.

Los mercados, entonces, existen dentro de un marco de libertad económica. No consisten en un lugar físico, sino son una herramienta para coordinar y cooperar unos con otros. Unen a la gente para que intercambien su tiempo y sus talentos al servicio de los demás. Por ejemplo, un mayor florecimiento fomentado por la libertad económica garantiza que las mujeres pobres puedan abrir negocios sin que las regulaciones y otras barreras las mantengan en la pobreza.

La mayoría de las personas en países en desarrollo no viven en un entorno institucional que permita que tengan un ingreso por servir a los demás. Muchos países se ven afectadas por los gobiernos corruptos y por la pobreza extrema. En estos países, las personas se ven obligadas a centrarse en la mera supervivencia debido a que el ciudadano medio vive con menos de $1.90 por día.

La mujer africana que camina cuatro millas para conseguir agua sucia para su familia y luego regresa con el agua y cuatro hijos en la espalda, solo para repetir el mismo proceso al día siguiente, necesita una oportunidad de obtener ingresos a través de servir a los demás. Ella también nació única, a imagen de Dios y necesita una oportunidad para ofrecer sus habilidades al mundo. (Para explorar más de este tema, vea este video: «¿Por qué importa la economía?»).

Pero algunos se oponen a la idea de los mercados como un medio para sacar a la gente de la pobreza, y se preocupan de que los mercados se componen únicamente de ganadores y perdedores. Esto no es cierto. Los cristianos deben entender que la riqueza material obtenida por la competencia del mercado no es un juego de suma cero, es decir, si yo gano no es porque tú pierdes. Por el contrario, la creación de riqueza requiere que, en una transacción beneficiosa, ambas partes se persuadan para servir a la otra.

A pesar de que la libertad económica no es un fin en sí mismo, refleja ciertas verdades bíblicas y provee un marco para ayudar a los cristianos y a otros a entender cómo, a través de su trabajo, impulsan a mayores niveles de florecimiento en un mundo caído.

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