Por Katherine Blanck |  katherineblanck@gmail.com

Cuando se habla de ética internacional es imposible dejar fuera la ética de cada individuo, pues son ellos quienes componen el orden internacional. Y es que al final del día, son estas mismas personas las que deben tomar decisiones que pueden afectar la vida de cada uno de nosotros y, también, todo aquello que los rodea. Por lo que es importante que los individuos tengan criterio propio, sobre qué es lo correcto o no, para poder evitar que sus decisiones se vean influenciadas por aquellos que se encuentren a su alrededor.

«La autodeterminación se refiere a este tipo de asuntos en los cuales, a pesar de las presiones externas y causas precedentes que puedan influir en nuestras elecciones, conservamos al menos la posibilidad de elegir o no, o de elegir una cosa mejor que otra» (Germain Grisez-Russell Shaw, p.28). Por medio de la autodeterminación es que todas estas cuestiones morales y éticas forjan a la persona. A lo que quiero llegar es que una persona tiene la capacidad para poder actuar basado en una elección real, conscientemente, y de esta forma se determina a sí misma.

La autodeterminación es el tercer nivel de nuestras actuación, eso quiere decir que por medio de acciones y experiencias éticas aprendemos constantemente sobre el beneficio que hemos medido sobre los resultados «buenos» o «malos» de diversas situaciones que enfrentamos diariamente. Por lo que es la práctica de autodeterminación lo que nos hace «ser» personas, lo que está intrínsecamente relacionado con cómo se forja el carácter del individuo.

Como sabemos, el carácter es, en cierta medida, aspectos de carácter psicológico, pero lo que nos interesa es la parte en la que este se va formando. «A veces se piensa que al escoger una determinada opción sólo determinamos nuestras acciones y no a nosotros mismo, pero esto no es cierto… No solo estamos determinando nuestra actuación, sino que nos determinamos a nosotros mismos» (Germain Grisez-Russell Shaw, 1993). Nuestro carácter se va moldeando conforme nuestro aprendizaje en la sociedad, los hábitos y la forma en la que reaccionamos que experimentamos frente a diferentes tipos de experiencias. Además, es importante hacer notar que esto no solo se limita a una etapa en nuestra vida, es algo que se encuentra constante en las decisiones, por muy pequeñas e insignificantes que creamos que sea.

En el sistema internacional, el rol de las tradiciones éticas juega un papel muy importante como una guía para las acciones y resoluciones políticas por parte de individuos o de agrupaciones. También brindan una estructural de moral y valores para poder ser críticos sobre el comportamiento de los países y sus sociedades. El problema reside en la pluralidad de tradiciones que existen en el mundo, y lo difícil es que estas logren llegar a un acuerdo en común para que se puedan utilizar como referencia en el momento de la toma de decisiones. Al mismo tiempo, no podemos olvidar mencionar que existe muchas personas que, posiblemente en cargos importantes en el orden internacional, creen que porque no existe una autoridad a la cual le tienen que rendir cuentas es permitido que los países realicen las barbaridades que algunos cometen. «Al final, los tomadores de decisiones deben tener el coraje moral de hacer lo correcto: actuar de acuerdo con las normas morales fundamentales» (Amstutz, 2013).

El realismo es una de las tradiciones éticas que actualmente rige el sistema internacional. El problema con este es que frecuentemente ignora las constantes faltas a los derechos humanos, que cometen los gobernantes en contra de sus ciudadanos. Y el hecho que la soberanía se respeta y es prioridad por encima de los derechos humanos universales, firmados por varios países, es lo que crea esta visión amoral y antiética de las relaciones entre países. Lo que también nos lleva hacia el relativismo cultural, que se ha esparcido por todo el mundo, haciendo que en la actualidad las personas sean más temerosas de sus juicios éticos por temor a que no se adecue a la cultura de la otra persona y también ha polarizado al mundo sobre aquello que es «políticamente correcto e incorrecto». «El relativismo cultural representa un análisis demasiado superficial: Al enfatizar las diferencias entre las culturas no percibe la semejanza básica que yace bajo la superficie» (Germain Grisez-Russell Shaw, 1993). Por lo tanto esto dificulta aún más que se pueda llegar a acuerdos sobre cuáles deberían ser los principios éticos que se supone que deberían regir la comunidad internacional para que se pueda llevar relaciones más armoniosas, justas y responsables.  

En conclusión, el carácter de las personas se forma mediante las decisiones tomadas en el tercer nivel de acción, donde se encuentra la autodeterminación. Y es este término el que al final en cierta forma nos determina sobre nuestras decisiones en cuantos a tentaciones morales o dilemas éticos. Y la relación con la ética internacional empieza en el momento en que el individuo o grupo de personas deban tomar decisiones que ellos deberán determinar si son «bueno versus bueno» o «malo versus malo» y de la única forma en la que podrán llevarlas a cabo es si son conscientes que a lo largo de sus vidas probablemente han resueltos problemas semejantes, pero a un nivel de riesgo mucho menor. De la misma manera también es importante saber que estas personas tienen criterio propio para analizar las opiniones de los demás y juzgar si estas opiniones se rigen bajo la misma ética de vida.

Y es por lo que creo que es importante la educación sobre una ética global internacional para que podamos combatir estos conflictos que solo polarizan al mundo y no nos deja enfocarnos en los verdaderos problemas que enfrenta el mundo. «Si la ética internacional es contribuir a un orden mundial más humano y justo, los ciudadanos y los líderes deben poseer la sabiduría para definir la justicia internacional y el valor para cumplir con sus obligaciones morales» (Amstutz, 2013). Esta frase me hizo reflexionar mucho cuando la leí, por que lo que me hizo pensar es que si estos funcionarios internacionales poseen una obligación moral en cuanto a los derechos humanos, ¿qué es lo que los frena a tomar medidas que den resultados positivos y eficientes? Probablemente sean intenciones perversas, intereses personales o presión por parte de alguna persona en un puesto muy poderoso que los hace frenar y no apegarse a sus obligaciones morales.


Bibliografía

Ser Persona: Curso de Ética (1993). Germain Grisez-Russell Shaw. Página 28, 36, 73.

International Ethics (2013). Mark. R Amstutz. Página 15, 182. (versión digital en PDF).


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor.  El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.

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