Por qué las “metas de carácter” deberían ser tus primeros propósitos este año

Lunes 1 de enero de 2018
Hugh Whelchel

Este artículo está traducido con permiso del Institute for Faith, Work & Economics (www.tifwe.org). El artículo original apareció aquí. IFWE es una organización de investigación cristiana comprometida con el avance de los principios bíblicos y económicos que ayudan a las personas a encontrar satisfacción en su trabajo y contribuir a una sociedad libre y floreciente. Visite https://tifwe.org/subscribe para suscribirse al blog diario gratuito de IFWE.
Traducción por Jessica Paduán para el Instituto Fe y Libertad.

Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza. (Proverbios 21:5 RVR1960)

A mediados de los años sesenta hubo una exitosa serie de televisión llamada Run for Your Life (corre por tu vida). El actor Ben Gazzara interpreta a un abogado al que su médico le dice, en el primer episodio, que morirá entre los siguientes nueve y dieciocho meses. El personaje de Gazzara decide hacer todas las cosas que nunca tuvo tiempo de lograr.

El programa se torna en una serie de episodios en donde este abogado se encuentra con una gran variedad de personajes, desde vagabundos hasta huérfanos. Mientras se le está acabando el reloj, este abogado se convierte en un hombre que parece estar buscando algo:

Yo creería que el personaje de Gazzara lo que busca es propósito y significado, busca lo que realmente importa en la vida. En cada encuentro, trata de encontrar respuestas mirando más a las personas que a lo que han logrado.

 

Establecer objetivos que sean consistentes con tu propósito principal

Ahora que inicia el año 2018 y nos ponemos a pensar en nuestras metas y en los propósitos del año nuevo, ¿cuántos de éstos se basan en lo que queremos lograr más que en lo que queremos llegar a ser? ¿Qué enfoque tiene nuestro significado?

Os Guinness en su libro The Call (el llamado), escribe sobre una maravillosa verdad:

La verdad de que Dios nos llama hacia Él de forma tan decisiva que, todo lo que somos, todo lo que hacemos y todo lo que tenemos, está investido de una devoción especial y un dinamismo vivido como respuesta a su llamado y servicio.

Guinness diferencia entre nuestro llamado principal y los llamados secundarios. Nuestro llamado principal es ser discípulo de Cristo.

Crecer a semejanza de Cristo no implica una lista de “tareas pendientes” que vamos marcando. Nuestro llamado principal es un proceso significativo de transformación que le está sucediendo a todos los cristianos a medida que el Espíritu Santo moldea sus caracteres a semejanza de Cristo. Los teólogos llaman a este proceso santificación.

Guinness sugiere que en todo lo que hagamos debemos de pensar, hablar, vivir y actuar completamente para Cristo. Nuestro llamado principal “a lo que somos” debería de conducir sin lugar a dudas “a lo que hacemos”. Lo que somos y lo que hacemos son inseparables.

Lo que hay que recordar es que lo que somos guía nuestras acciones, no al revés.

Es a través de estos llamados secundarios “a hacer” que integramos por completo el llamado principal de Dios en todas las áreas de nuestra vida. Para los seguidores de Cristo, estos llamados secundarios deberían llevarnos a encontrar nuestro único propósito de vida, con el fin de usar nuestros dones y habilidades particulares para la gloria de Dios en cuatro áreas distintas:

  • Nuestras familias
  • Nuestras iglesias
  • Nuestras comunidades
  • Nuestras vocaciones


En este año, ¿en qué te convertirás?

Al pensar en nuestras metas para el próximo año, no debemos dejar de lado las “metas del carácter”. Estas metas son vitales para nuestro crecimiento como cónyuge, padre, hijo, amigo, jefe o empleado. Intente hacerse estas preguntas:

  1. ¿En qué me gustaría convertirme?
  2. ¿Qué cosa me gustaría que Dios cambie en mí?
  3. ¿Qué calidad de carácter, si se desarrollara, me haría un mejor padre, hermano, amigo, etc.?

Aunque respondamos a estas preguntas, es necesario analizar la importancia que tiene lo que hacemos desde una perspectiva eterna.

El apóstol Pablo le dice a su discípulo, Timoteo:

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.  Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.  (2 Timoteo 4: 7-8 RVR1960)

Pablo tenía esta amplia perspectiva, la de ver todos sus logros como resultado de su relación con Cristo.

Necesitamos rechazar la insistencia de nuestra cultura de que los fines justifican los medios, y que al final del día, lo único que importa es el fin que se logra. Este pensamiento es realmente el camino a la ruina.

Aunque no tengamos el mismo problema de salud que Ben Gazzara, todos estamos “corriendo por nuestras vidas” mientras buscamos vivir nuestro propósito en un tiempo limitado y precioso en la tierra.  Entonces, en este nuevo año, como nos exhorta el libro de Hebreos 12: 1-2:

…despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…

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