Por Carroll Ríos de Rodríguez | crios@feylibertad.org

El centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima nos exhorta a rechazar los sistemas políticos esclavizantes y empobrecedores, que irrespetan la dignidad de cada ser humano.

Vale la pena visitar las casas que habitaban las familias dos Santos y Martos a principios del siglo XX, en el pueblo de Aljustrel, Portugal. Ambas familias, con seis y ocho hijos, vivían en reducidos hogares incrustados en amplias praderas. El pueblo parece haber quedado atrapado en el tiempo, de no ser por los buses cargados de turistas y las tiendas de recuerditos. Es un lugar silencioso y pacífico, remoto y agrario. Verán a ancianos tomando el sol; algunos de ellos son parientes de los famosos pastorcitos videntes, Lucía y sus primos Jacinta y Francisco. Hace cien años, los pequeños contribuían a las tareas del hogar pastoreando a las ovejas, y aún mantienen borregos en el diminuto establo de la casa de Lucía dos Santos. ¿Porqué eligió la Virgen María aparecerse allí, a tres niños, entre mayo y octubre de 1917?

Las almas receptoras del mensaje de la Virgen eran bondadosas y humildes. Debido a su corta edad y estilo de vida, los pastorcitos entendían poco de geopolítica. Quizás ni siquiera supieron que en la ciudad de Arras, Francia, a 1,835 kilómetros de distancia, en esos días de mayo se enfrentaron las tropas británicas y alemanas. La I Guerra Mundial no terminaría sino hasta en noviembre de 1918. No obstante, relataron lo que la Virgen les reveló sobre el fin de la I Guerra Mundial, el surgimiento de un poder mundial comunista que regaría sus errores y su violencia por el mundo, y la inminente II Guerra Mundial. Como expresa San Juan Pablo II en  Cruzando el Umbral de la Esperanza (1995), “ellos no pudieron inventar tales predicciones porque no sabían lo suficiente acerca de historia o geografía, y mucho menos de los movimientos sociales y la evolución ideológica y, sin embargo, sucedió tal como lo habían dicho”.

El 13 de mayo de 1982, San Juan Pablo II consagró a Rusia y al mundo entero al Inmaculado Corazón de María en un acto solemne en Portugal. Dos años más tarde, el papa, “en santa unión espiritual con los obispos del mundo”, reiteró la consagración, pues la Virgen expresamente solicitó la participación de los obispos del mundo en dicho acto. Cinco años más tarde cayó el Muro de Berlín, en gran parte gracias al pontífice polaco, pero persisten las amenazas del marxismo-leninismo y otros totalitarismos ateos. Algunos ignoran que el comunismo cobró 94 millones de vidas, según estimaciones de Stephane Courtois, autor de El libro negro del comunismo (2010). Todavía hay países comunistas y tales ideas siguen atrayendo a intelectuales, políticos y algunos jóvenes.

La Virgen de Fátima también está conectada significativamente con el mundo islámico. Decimos así, que es de Fátima, aunque Ella se apareció en Cova de Iria, a un kilómetro de Aljustrel. Curiosamente, la parroquia recibe el nombre de una conversa del islam al cristianismo, una princesa morisca que se enamoró de su secuestrador, Gonçalo Hermigues. Esta princesa musulmana llevaba el mismo nombre que una de las hijas de Mahoma, de quien su padre dijo “Tú serás la más bendita de todas las mujeres en el paraíso, después de María.” El VIII Encuentro de Oración Islámico-Cristiana, realizado en Beirut, Líbano, en marzo del 2014, se tituló “Reunidos alrededor de María, Nuestra Señora”. Los musulmanes honran a María. Cuando la nombran, pronuncian la frase “la paz sea con ella”.  Así, la Virgen puede servir de punto de unión en estos días en que el islam radical libra una guerra contra Occidente.

Es preciso recordar las crueles persecuciones y los totalitarismos pasados para desenmascarar proyectos contemporáneos dañinos. Son muchos los motivos para rezar intensamente y los valores que hemos de defender en pleno siglo XXI.


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