Por Juan Solares | jasolares@feylibertad.org

Originalmente publicado en el blog Navegante

Hay un cuento que se llama “Vuelva usted mañana” que captura la frustración que muchos quienes vivimos en un país subdesarrollado sentimos con las organizaciones gubernamentales o las ineficiencias en el trabajo de la gente. ¿Quién no se ha quejado de que el plomero no llega el día que prometió? ¿O de tener que volver una y otra vez a una oficina del gobierno para realizar un trámite sencillo? Los dolores de cabeza con estas situaciones son interminables.

Recuerdo una historia que narraba una amiga que una mañana tuvo que ir al registro de las personas de su país para pedir que emitieran su documento personal. Entregó la información y cuando le preguntaron si estaba casada dijo que sí. “¿Su esposo ha fallecido recientemente?” le preguntó el agente que le atendía. Angustiada, ella llamó a su esposo para ver si algo le había sucedido, pero era simplemente un error en el sistema del registro de las personas. Vaya forma de comenzar el día.

Lo cierto de todo esto es que vivimos en una sociedad que no funciona como debería y, la mayor de las veces, es tal su disfunción que se puede afirmar que no funciona en absoluto. En una sociedad como la nuestra, no son solamente las instituciones las que muestran disfunción, sino que la gente también carece de hábitos de trabajo y capacidad de relacionarse entre sí con responsabilidad. Y es que este es un problema de subdesarrollo. El subdesarrollo es una carencia de hábitos de convivencia, de salud, de inteligencia en los individuos de una determinada sociedad. El desarrollo viene cuando logramos solucionar este problema y creamos sociedades donde se pueden adquirir estos hábitos de vida.

Entonces, ¿cómo logramos el desarrollo? La respuesta está en la definición de dos conceptos clave:

  1. debemos comprender qué es el desarrollo humano y;
  2. responder: ¿qué permite que suceda?

Vamos a responder al primer punto. El desarrollo humano es un llamado que la ley natural inscribe en el hombre. Es un llamado a perfeccionarse y a alcanzar su máximo potencial. Así definido es fácil comprender que el desarrollo sucede en y desde los individuos que se comprometen a vivir ciertos ideales y luchan por alcanzarlos. Ciertamente, desde este punto de vista, el auténtico desarrollo es un ideal inalcanzable. Sin embargo, es posible ir acercándose poco a poco a él, aunque jamás sea un proyecto “terminado.”

Pero porque es un llamado a la perfección, el desarrollo no es simplemente salir de la pobreza. El desarrollo es un estado donde el hombre vive en armonía perfecta en su entorno, es un ser perfectamente ecológico que es capaz de orientar la naturaleza y llevarla hacia su verdadero sentido. Si llegara a suceder el desarrollo perfecto (el cual muchos llamamos una utopía o sociedad ideal), todos los males desaparecerían: no habría pasión desenfrenada, habría orden completo, habría un total dominio del universo.

Vamos ahora al segundo punto. Desarrollo sucede, entonces, con una educación sólida que permita que los individuos adquieran buenos hábitos de trabajo, responsabilidad hacia sí mismos y los demás, capacidad de convivencia, capacidad intelectual que les permita adquirir destrezas complejas para ser productivos en la economía contemporánea. Estos hábitos permitirán que haya relaciones entre los individuos que crean hábitos de crecimiento intelectual, social, físico y espiritual.

Está claro que esto no puede suceder si no hay instituciones naturales fuertes. Las instituciones naturales son las que surgen por la misma naturaleza del hombre: la religión, la familia, las amistades, las organizaciones cívicas de recreación, las empresas. Todas estas organizaciones son las que no utilizan la fuerza o la coerción para llevar a cabo sus misiones. Estas instituciones son las que permiten que las personas se lleven bien, aprendan, crezcan intelectualmente y puedan ir perfeccionándose cada vez más. Claro, estas instituciones no florecen, al menos en sociedades que aún no se han desarrollado, sin el respaldo del Estado, que garantiza la propiedad privada: el derecho que tiene cada persona a su propio ser y al fruto de sus labores.

Con una respuesta clara, pues, a lo que es el desarrollo humano y qué es lo que permite que suceda, logramos crear puntos de partida que nos permitan ir hacia un desarrollo integral y no solamente “salir de la pobreza.” Si no tenemos los cimientos para una sociedad que permita que los individuos dentro de ella adquieran hábitos de convivencia y de crecimiento personal, no podremos lograr un desarrollo que sea digno de los seres humanos, donde los medios económicos y sociales están orientados a servir a las personas y no al revés. Por eso, cada quien, desde donde esté, puede ser parte de la solución comprometiéndose a desarrollar estos hábitos personales.


 

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