Por Carroll Rios de Rodríguez | crios@feylibertad.org

“Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo único por la salvación de cada hombre,” nos recordó Su Excelencia Monseñor Óscar Julio Vian Morales en un comunicado del 5 de febrero, marcando el inicio de la temporada de Cuaresma. Prosigue su mensaje: “En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, no podemos quedarnos en una eterna cuaresma, con el Cristo muerto; las procesiones y actos de piedad son una oportunidad para convertirnos y prepararnos para vivir y celebrar en definitiva al misterio pascual de Cristo.”

Como escribió San Pablo a los Corintios, “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe.” No podemos quedarnos con Cristo muerto. En su último mensaje dominical a su grey (25 de febrero), el Arzobispo Metropolitano subrayó lo anterior: “el tiempo de cuaresma, es un tiempo de espera, pero una espera activa de la resurrección del Señor. Jesús es un Dios de vivos y no de muertos…”

Monseñor Vian Morales nació a la vida eterna tan sólo unos días después de redactar estas dos notas. Él sabía lo enfermo que estaba, pero también que la muerte no es un abismo hacia la nada, ni un punto y final. Llegó al destino al cuál  estamos todos llamados, como tantas veces nos lo recordó, si es que sabemos andar el camino de la conversión, la oración y el perdón.  Durante los ocho años y pico que Monseñor Vian sirvió a la Iglesia Católica como Arzobispo Metropolitano de Guatemala, y durante los años anteriores, siendo Arzobispo de Los Altos, este humilde líder religioso supo transmitir con claridad una sólida doctrina, así como la esperanza y la fe.

Sus mensajes revelaban los años de experiencia como docente y guía espiritual de jóvenes, particularmente en los centros juveniles salesianos en Guatemala, Honduras y Nicaragua. Fue Director del Colegio Don Bosco en Guatemala. El Cardenal Miguel Obando Bravo, sdb, ordenó sacerdote a Mons. Vian, el 15 de agosto de 1976, en el Santuario María Auxiliadora de los Salesianos de Don Bosco en Guatemala. Recibió del mismo Cardenal Obando Bravo la ordenación episcopal, esta vez en Flores, Petén, el 1 de febrero de 1997. A partir de entonces ocupó varios cargos en la Conferencia Episcopal de Guatemala; presidió la Pastoral de la Liturgia y la Comisión de la Pastoral Educativa de Centroamérica y Panamá (COPECA).

El noble reto que nos puso Monseñor Vian se podría resumir en una frase: “enderecen el camino de sus vidas”. En un mensaje en tiempo de adviento, del 2011, afirmó: “La liturgia, que no es únicamente una serie de normas y reglas, sino el espíritu de la Iglesia que nos anima en los distintos momentos del año, nos enseña que es un tiempo hermoso de cambios profundos y radicales y que iluminados con la Palabra de Dios ha de llevarnos al encuentro personal con Jesús.” Unos párrafos más adelante, retoma el tema de la continua conversión: ““Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos.” Este es el anuncio que en la antigüedad se daba cuando un soberano anunciaba su llegada a un país, se empezaba por hacer transitables los caminos. De igual manera el segundo domingo de adviento nos invita a preparar el camino, y eso significa cambiar, mover o quitar todo aquello que nos estorbe, todo aquello que es obstáculo para que el Salvador venga a mi vida.”

Y hemos de hacerlo sin perder la alegría que caracteriza a los hijos de Dios.  Una buena forma de agradecer a Monseñor Vian su pastoreo fiel es acatando su petición. Repitamos la jaculatoria que nos recomendó elevar a Jesús, “Haz nuestro corazón semejante al tuyo”, y retomemos el camino de la conversión. ¡Nunc coepi! ¡Ahora comenzamos y recomenzamos, cuantas veces sea necesario! Gracias por su legado, Monseñor Vian. QEPD.

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