Por: David Orrego | davidorrego@ufm.edu

El 8 de marzo último, se hizo honor especial a las mujeres, en especial a la lucha que busca reivindicar sus derechos y fortalecer la equidad de género entre hombres y mujeres. Son ellas las que viven constantemente vulnerables económica, social y políticamente. No es un secreto que en sociedades como la nuestra los salarios entre hombres y mujeres ocupando el mismo trabajo sean diferentes, o que sea la mujer quien sufre más de violencia doméstica que el hombre.

En este sentido, se debe hacer hincapié en la libertad que yace en la dignidad del ser humano, pues dicha libertad no discrimina entre géneros. Sin embargo, los papeles de ambos géneros han desempeñado diferentes responsabilidades en la historia de la persona y que consecuentemente han evolucionado y se han fortalecido. Ejemplo de ello es la apertura de la participación de la mujer en procesos electorales en 1893 en Nueva Zelanda y que se logró en Guatemala 72 años después, en 1965. ¿Pero, se ha entendido bien el papel de la mujer en la sociedad?

En Génesis 2:18, Dios hizo una conclusión cuando ve al hombre solo: «no es bueno», y seguidamente, Dios dio a Adán una «Ayuda Idónea». Pero cualquiera puede pensar que ayudar puede ser bueno, más no indispensable, y entre tanto es el hombre quien toma la decisión de aceptar dicha ayuda. Sin embargo, el concepto -ayuda- no suele interpretar el verdadero concepto hebreo que utiliza la Biblia: –ezer- que se refiere más a la actividad misma de Dios que se ve reflejado en varios pasajes en la Biblia, cuando «Dios ayuda» o «Dios ayudará», es el mismo verbo encarnado en la mujer al llamarla «ayuda idónea». Esto quiere decir que la mujer no solo es un soporte opcional en la vida del hombre, es indispensable y su fuerza y auxilio viene directo de Dios y no independientemente a Él.

Por otro lado, la palabra idónea se refiere a la complementariedad que hace el hombre y la mujer. Es del hombre quien se toma un fragmento anatómico para crear a la mujer, y no porque la mujer pudiera tener el valor equivalente a lo que tomó Dios del hombre, sino, porque al hombre ahora le falta una parte de sí mismo que se usó para crear a la mujer, y solo en complemento ambos géneros pueden formar un todo, de un rompecabezas desarmado.

Así como la Biblia menciona constantemente que el hombre y la mujer deben ser un equipo interdependiente (1 Corintios 11:11) es por lo tanto tarea también del hombre corresponder en la lucha por reivindicar los derechos de la mujer. Aunque dicha tarea representa un reto en sociedades «machistas» como la nuestra. Si quisiéramos demostrar qué tan frecuentemente sufren las mujeres, nos encontraríamos con que los datos estadísticos confiables son escasos, en especial porque existen mujeres que se ven incapaces de comunicar sus problemas por presión de ciertos actores o por el contexto social inseguro en el que vivimos.

Sin embargo, según el último informe de estadística sobre violencia contra la mujer del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2017 el Ministerio Público (MP) recibió 11,971 denuncias sobre violencia física y 18,211 por violencia psicológica hacia la mujer, lo que, a pesar de la precariedad de datos, nos puede da una proyección sobre que las mujeres son dañadas más psicológicamente, lo que nos hace retroceder en la lucha por la reivindicación de los derechos de la mujer en Guatemala.

Por otro lado, se ha popularizado la noción de que la lucha de la mujer debe comenzar por ella misma, empoderándola por encima del hombre, lo que de cierta forma no arregla el problema. Se ha manejado un discurso de odio contra el género opuesto que logra desintegrar la célula de una sociedad, la familia. Y si una familia se desintegra, se desintegra también la sociedad. Los males que vemos en la sociedad se ven reflejados en la familia, esto significa que la lucha no es solo de la mujer, sino que nos compete a todos.

Finalmente, la educación cristiana y laica, entra a jugar como la solución final para erradicar la idiosincrasia machista de nuestra sociedad. Se necesita enseñar en las iglesias el verdadero papel de la mujer, como aquella que fortalece el núcleo familiar, como la embajadora de la gracia de Dios al ser -ayuda-, y como -idónea-, al ser el único complemento indispensable del hombre. La Biblia nos ha mostrado ejemplos de mujeres que han marcado la historia cristiana: el sacrificio de Jocabed, madre de Moisés; el compromiso de Ana, madre de Samuel y la gracia de María, madre de Jesús. Correspondamos a esa ayuda idónea, no solo el 8 de marzo como una conmemoración, sino cada día como una forma de vida que los cristianos en especial, nos debemos.


Referencias:

Mujer, E. d. (2018). Instituto Nacional de Estadística. Obtenido de INE: https://www.ine.gob.gt/sistema/uploads/2018/11/30/2018113081722emO14nj4jr5XWfNPqRNeFnEgRtxtdjJf.pdf 

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