Por Danilo Carías

¿Por qué el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social –IGSS- tiene el monopolio de la seguridad social? ¿Por qué los trabajadores no pueden escoger quién administrará el dinero para su pensión? La libertad de elegir dónde, cómo y quién administrará el dinero de los ciudadanos, debería ser decisión de los individuos mismos.

Pues resulta, que en Chile, no existe tal cosa como un “IGSS”. Existen las Administradoras de Fondos de Pensiones –AFP´s-, y los trabajadores chilenos son libres para elegir cuál AFP capitalizará sus ahorros; pueden escoger su modalidad de pensión, postergar o adelantar su edad de jubilación e incluso realizar aportes voluntarios para mejorar sus pensiones. En nuestro país, en contraste, las cuotas, la edad de jubilación y la única modalidad de pensión las fija la ley, y por supuesto, la clase trabajadora tiene dos opciones, IGSS o IGSS.

Hospital General de Enfermedades del IGSS. Foto: Soy 502

En los 18 años que el sistema chileno lleva en funcionamiento, la participación de la fuerza laboral, los activos de los fondos de pensiones, y los beneficios han aumentado.  Hoy en día, más del 95 por ciento de la fuerza laboral chilena tiene su propia cuenta de capitalización individual; los activos han crecido a más de 34 mil millones de dólares, o aproximadamente el 42 por ciento del producto interior bruto; y la tasa de rendimiento real promedio ha sido del 11.3 por ciento anual, lo que les ha permitido a los trabajadores jubilarse con pensiones mejores y más seguras.1

El año pasado los guatemaltecos fuimos testigos del desmantelamiento de una red de fraude que operaba en el IGSS. Por este caso están siendo procesados el expresidente y varios miembros de la junta directiva de ese organismo. Es evidente que el IGSS se ha convertido en foco de corrupción y botín político para quienes han saqueado la arcas del Estado.2

Un sistema de seguridad social que prestase servicios de calidad y una pensión digna en el marco de la libre competencia incentivaría a los trabajadores a pasar a la formalidad para poder gozar de los beneficios, y estos le restarían carga al sector de salud pública. ¿Acaso no es justo que cada quién decida y disfrute el fruto de su trabajo?

Con un sistema de seguridad social de gestión privada, se le daría el poder de decisión al trabajador, incrementaría la calidad de los servicios y de las pensiones, le restaría carga al sistema de salud pública y acabaría con un foco de corrupción. La experiencia chilena demuestra como la senda de la libertad económica y el otorgarle el poder de decisión a los ciudadanos incrementa la calidad de vida, y le permite que las familias vivan con dignidad.  El libre albedrío nos hace responsables de nuestras propias decisiones, mientras que la imposición estatal limita la libertad que Dios nos ha dado.


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor. El Instituto Fe y Libertad abre este espacio para dialogar e impulsar el florecimiento humano promoviendo la libertad individual y los principios judeocristianos.

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