Por Juan Antonio Solares | jasolares@feylibertad.org

Originalmente publicado en el blog Navegante

¿Qué es conocer a Dios? Conocerle significa amarle. Por eso, siguiendo la meditación del pasaje de san Mateo que comenté en mi último artículo, es importante conocer la relación entre los tres conceptos que presenta el pasaje: amar a Dios, amar al prójimo, amarse a uno mismo. Pongo el pasaje de nuevo:

Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se pusieron de acuerdo, y uno de ellos, doctor de la ley, le preguntó para tentarle: — Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le respondió: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es como éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.

Universidad de Navarra. Santos Evangelios (Spanish Edition) (Kindle Locations 1903-1913). EUNSA. Kindle Edition.

Hoy nos enfocaremos en amar: qué significa y qué debe tener una persona para poder amar.

En este pasaje vemos que lo más importante para una persona es amar a Dios. Nos dice el Evangelio que debe ser “con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente”. Esto presupone que la persona tiene alma, corazón y mente y que está en capacidad de usarlos. Una persona, para amar a Dios, debe tener bien su alma, corazón y mente. ¿A qué se refiere cada una de estas cosas?

  1. Alma: somos seres espirituales que debemos tener conciencia de que existe una realidad que no podemos ver, tocar, ni sentir de ninguna forma. El alma tiene su origen en el mundo que no es visible ni accesible de ninguna forma a la ciencia moderna. Para tener un alma sana debemos tener fe: la virtud que, como dice san Pablo: es la prueba de las realidades que no se ven (Heb 11,1).
  2. Corazón: es la parte de nosotros que se inclina hacia los objetos o deseos; es, en otras palabras, la voluntad. Al corazón lo debemos empujar hacia Dios y esto es lo que cuesta en la lucha por evitar el mal y seguir al bien. A veces hacemos cosas que no queremos hacer, pero luchamos por ser mejores porque, como dice san Agustín: “Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. (Confesiones, Libro 1, Capítulo 1). 
  3. Mente: es el intelecto. Dios nos hizo seres que podemos pensar y ahondar en los misterios del mundo. Dios quiere que usemos nuestra cabeza para querer más la creación, entenderla y perfeccionarla.

Si queremos amar, pues, debemos estar conscientes de que tenemos que inclinar las tres partes de nuestra persona hacia Dios, hacia hacer el bien. Pero para amar a Dios debemos cuidarnos a nosotros mismos: amarnos a nosotros mismos. Todos los días podemos dedicar dos a tres minutos para pensar si estamos ordenando nuestra persona hacia Dios y, después de una pequeña oración diciéndole que le amamos, pedirle también que nos enseñe a amarle mejor. 

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